Bajo la batuta de Ferrari, y de la mano de su marca Maserati, el modelo que hoy nos ocupa entra sin tapujos por los cinco sentidos. No hay más que verlo. Además, su motor de casi 440 CV (por tratarse de la versión "S" hay más potencia que disfrutar) empuja con endiablada osadía, mientras que el chasis está muy elaborado para aguantar tanta caballería. Tiene un precio de ésos astronómicos, aunque hay coches de este tipo más caros, y es todo un deportivo que no deja de coquetear con el lujo y la comodidad.
Aquí el arranque es por llave, nada de inventos extraños. Y la primera sensación de poderío ya la ofrece en la arrancada. La pequeña subida de vueltas que se produce con tan sólo girar la citada llave, junto con el sonido del escape, es alucinante. Si lo haces en un garaje, no te digo nada de cómo te pone.
Para hacerlo andar, nada de palanca de cambios. En su lugar, un botón con el número "1" para ir hacia delante, y con la "R" para ir hacia atrás. Eso es todo lo que ofrece, sin ni siquiera presencia de la "P" de Parking o la "N" de Neutral. Eso sí, se puede cambiar con las enormes levas de detrás del volante, que no van solidarias a él, como en un M3, por ejemplo, pero son casi igual de efectivas por un tamaño que es casi la mitad de la circunferencia. Depende de cómo te encuentres de ánimo, puedes seleccionar la posición Sport o no mediante el correspondiente botón, y con ella también la opción de cambio secuencial.
Deportivo y lujoso
El GT S no deja de ser un coche de lujo, y no sólo por su astronómico precio, sino también por la abundancia de cuero y elementos metálicos pulidos, o por los asientos eléctricos, etc. Aunque ahora pertenece a Ferrari, la tradición más "maseratista" queda reflejada en el reloj analógico en el centro del salpicadero, casi igual al que han montado estos coches toda la vida. Otro detalle curioso es que el tablero de mandos de radio, aire acondicionado, etc., es el mismo que utiliza el Grupo PSA, incluido el navegador y sus gráficos (lo puedes encontrar idéntico, por ejemplo, en un C2).
Pero lo emocionante es ponerse en marcha. Si sales desde parado sin los controles puestos, y decides hundir el pie derecho a fondo y rápido, prepárate a sujetar bien el volante para controlar la derrapada que te puedes marcar. Y no digamos ya en mojado o sobre superficies resbaladizas. El trompo está asegurado… lo mismo que la emoción. Y es que en esas circunstancias es un coche muy especial, como tiene que ser.
Si estás en un circuito, como nosotros, y puedes darle rienda suelta a las levas, al acelerador y al volante –por cierto, la dirección es muy directa–, este vehículo es para divertirse de lo lindo y experimentar todos los límites… tuyos, del coche y de la propia pista. Depende de cómo selecciones los controles, te ofrece una conducción u otra. Con las ayudas de turno, el coche casi es manso. No se desboca apenas, y si lo hace, se controla enseguida.
Aunque la suspensión es deportiva, resulta curioso que no es incómoda, quizá porque tiene bastante recorrido, aunque sujeta muy bien el vehículo. Para que deslice un poco de atrás, hay que balancearlo ligeramente, porque si no tiene un carácter sobrevirador que le hace ser muy fácil de controlar.
Si por el contrario decides vértelas de tú a tú con este coche, el de verdad, has de estar bien despierto. Cuidado con la parte trasera, que tiende a ir por delante más que la delantera, y es que tanto caballo y tanto par se muestran así de contundentes. Y por equipo de ruedas no será, porque el eje trasero está equipado con unos "pepinazos" de 285 de ancho, 35 de perfil y nada menos que 20 pulgadas –los neumáticos delanteros son más estrechos–. Pero ni aun así es capaz de contener tanta rabia, tanto poderío. Es normal, con esas cifras, que se produzcan derrapadas y pérdidas de tracción.
Potencia a la americana
El motor prescinde de turbos, de compresores o de mezclas entre ambos. Es casi un 5 litros, muy americano en este sentido. Potencia en estado puro. Ofrece lo mejor de sí desde las primeras vueltas y sin apuro alguno. Y lo hace de forma clara y contundente. Es acelerar y subir de vueltas para empujar, empujar y empujar casi endiabladamente. Parece que no tiene límite, aunque en 7.500 vueltas ya encontramos el tope, y a veces antes, dependiendo de la marcha.
Como sólo lo hay con caja de cambios automática, la mejor aliada es precisamente esta transmisión, también muy rápida, aunque en ciudad es algo brusca entre cambios, sobre todo en frío. Es de seis velocidades, y resulta una gozada ir en sexta de forma tranquila (por ejemplo, a menos de 120 km/h) y darle un fuerte pisotón al acelerador. Rápidamente, en el cuadro de mandos puedes ver cómo se engrana la cuarta, es decir, que ha bajado dos marchas de golpe y porrazo. El tirón es inmediato, y la fuerza con que lo sientes, simplemente, impresionante. En esto, el cuadro de mandos es un gran aliado. Te muestra la velocidad que llevas insertada con claridad, a través de un gran número justo en el centro. Y con las levas, en el modo Sport, te ofrece todo un recital de armónicos graves cada vez que cambias, especialmente si es "quitando hierros" y las revoluciones suben. Ya hemos dicho que el sonido del motor es absolutamente deleitoso para los oídos y, en este caso, para la adrenalina cada vez que cambias de marcha.