No tienen carné de conducir, van al colegio todos los días y a alguno todavía le están saliendo los dientes definitivos. Son Adrián del Río, Pepe Oriola y Gerard Barrabeig, tres chavales catalanes muy especiales a los que hemos llamado para que nos den sus impresiones sobre los coches que hoy traemos al paredón: el Mini Cooper D, el Opel Corsa GSi CDTi y el Peugeot 207 HDi en versión de 110 caballos de potencia. Sobre el papel, ninguno de los tres muchachos tiene carné de conducir y se van a subir en coches con ilustres apellidos –como Cooper o GSi–. ¿Podrán con la papeleta?
Todos al Mini
Vestidos de "civiles" y acompañados por sus padres, Adrián, Pepe y Gerard se suben conmigo sin dudar al Mini para acercarnos al Circuito de Karting de Los Santos de la Humosa, en las cercanías de Madrid, que nos cedió sus magníficas instalaciones para la ocasión. Es el coche que más les ha llamado la atención, lo que demuestra que su diseño atrae a simple vista más que el de los otros dos vehículos. Y no les importa que sea más pequeño, pues la contrapartida es que su interior y su maletero no son rivales para los amplios Corsa y 207. La calidad del interior es otra de sus mejores bazas, tanto por diseño como por remates y materiales. Sus rivales están un paso por detrás, pero siguen con el sobresaliente: sus cabinas han supuesto un paso adelante en su categoría, y poco tienen que envidiar al que es un coche Premium.
A sus 13 años, la parte infantil de los tres pilotos se está esfumando rápidamente, probablemente más que en el resto de sus amigos, pero todavía no han dejado de ser chavales. Se ríen a mandíbula batiente con los mensajes que llegan a sus teléfonos móviles, Pepe ya tiene novia y Adrián, muy serio, dice que por ahora pasa de chicas, "que lo importante son las carreras". Los tres las hacen juntos, sus padres son muy amigos, como ellos, y comparten el sueño de llegar a la Fórmula 1 como lo que es, un sueño: "Ahora mismo, hay muchos padres de pilotos de karting que quieren tener un Fernando Alonso como sea, y eso puede ser no sólo decepcionante, también pueden acabar arruinados –nos confiesa Pepe padre–. Este año la temporada nos va a costar más de 70.000 euros a cada uno, y en las carreras hay hasta 100 pilotos, 70 de ellos rodando en el mismo segundo. Hay que tener los pies en la tierra". A veces, el necesario afán de triunfo se malinterpreta. "Si no puedes pasarle, le empujas. Consejos como éste los oigo todos los días en los circuitos, y no son nada buenos. Hay que enseñar a adelantar, no a empujar", dice Gerard Sénior .
Una vez en el circuito, Gerard, Pepe y Adrián se enfundan sus cascos y monos y se lanzan a por los coches antes de nada. "Primero las fotos en parado", les cuento ante su desazón momentánea. Están deseando subirse a ellos y, tras las instantáneas, atienden a mis indicaciones y normas previstas para la prueba con las manos puestas en los tiradores de las puertas...
En marcha
Pepe ha heredado la complexión de su padre, parece el mayor de los tres, y es el que más experiencia tiene con coches de verdad, ha llegado incluso a probar monoplazas, cosa que también ha hecho Adrián. Y también ha saboreado un León de circuitos. En cuanto se sube al 207, se pone a pasar las curvas a golpe de freno de mano, circunstancia que me empieza a preocupar… pero el caso es que le sale bien. Con desgana, por precaución, le insto a que no haga esas cosas que tanto nos gustan a ambos. A Adrián casi no se le ve en el asiento, le cuesta meter primera y arrancar, como a alguien que se acaba de sacar el carné. Por eso, cuando llegan las curvas, llama todavía más la atención lo bien que las traza, y lo mucho que se acerca a los límites del coche con total naturalidad, como un piloto de turismos. Igual que Gerard. Después de la caja de cambios, la manipulación del volante es lo que más les cuesta: los coches de serie tienen demasiadas vueltas de volante.
Torpes en lo secundario, brillantes en lo principal. Pepe, Adrián y Gerard frenan, aceleran y trazan como pilotos que son, con lo que sus juicios sobre los coches aportan cosas.
Barrabeig se queda con el Mini
Gerard está subido en los karts desde los 4 años, y nos desvela que la afición le viene en la sangre, pues su padre compitió en rallyes. "El Mini es el que más me gusta. Es el que más se agarra". Qué más decir. Efectivamente, el Cooper resulta el coche idóneo para el revirado trazado del circuito de karting, es el modelo más deportivo de los tres, aunque los balanceos de su carrocería son el único punto en el que pierde la partida. "Además, el motor permite estirar bastante las marchas", añade. La clave de su magnífico comportamiento radica en las suspensiones, independientes en ambos ejes, y en su tarado, bien firme, aunque una pizca menos que en la versión anterior.
El motor 1.6 entrega 109 CV a 4.000 vueltas, y si logra unas prestaciones casi clavadas a las de sus rivales, les supera, de largo, en consumos. Cuenta con el sistema de apagado automático en las paradas, algo molesto hasta que te acostumbras y te olvidas de él, pero capaz de ahorrar hasta medio litro de combustible cada 100 kilómetros, para dejar la media en unos ridículos 3,9 litros, 0,9 menos que sus competidores. Eso es mucho, casi un 20% de diferencia.
Oriola prefiere el Corsa
Pepe iba para jugador de hockey, pero un día le pidió un kart a su padre, a los 9 años, y la cosa le entusiasmó. Así que fue un pionero en su casa, el que llevó la pasión del automovilismo, aunque a su progenitor ya le gustasen los coches. Quizá por ello recibió su apoyo sin contemplaciones ni medias tintas, y por eso no es de extrañar que su hermano pequeño también esté ya corriendo.
"El Corsa es el que mejor frena", sentencia Pepe, que pisa el pedal como si tratase de detener monoplazas, a base de pisotones eficaces y rápidos. "Además, es el que menos balancea".
Efectivamente, el GSi no tuerce tanto su carrocería en las curvas como el Mini, pero su tacto es un poco menos deportivo. La amortiguación es más suave, más confortable, y el eje trasero no es independiente. Su motor 1.7 es el más grande y potente, con 125 caballos a 4.000 rpm y 280 Nm de par –por 240 de sus rivales–, aunque tales cifras no se corresponden con una superioridad en prestaciones. Es algo más rápido que el 207, pero no que el Mini. De hecho, nuestros tres probadores de lujo han preferido el motor de este último.
Del Río escoge el 207
Adrián se enamoró de los karts con sólo 5 años, edad a la que su padre le regaló uno. Desde entonces, no se baja de ellos. Y el coche que más le ha gustado es el Peugeot: "Es el que menos balancea y en el que mejor se aprovechan las marchas". Adrián confirma que los nulos movimientos laterales de los karts hacen que los de los turismos parezcan gigantescos, y la caja de cambios del Peugeot 207, aunque quizá no sea la más precisa, es la más fácil de manejar.
Su tacto es similar al del Corsa: deportividad moderada, elevado confort y una buena contención de los movimientos laterales, a pesar de los "burgueses" ajustes de la amortiguación, que no es independiente en el eje trasero.
Su motor 1.6 resulta particularmente brillante, pues, si de nuevo encontramos que sus prestaciones son similares a las de sus rivales, el caso es que debe mover la carrocería más pesada: unos 150 kilos más que el Mini. Entrega 110 CV a 4.000 vueltas, y es el único con cinco en vez de seis marchas.
Veredicto
Mientras empiezo a pensar en cosas mundanas, como los precios o la lista de equipamiento, los muchachos, azuzados por Pepe padre, se suben a tres karts de alquiler y compiten entre ellos, pues no son rivales para el resto de los que están en la pista. Se presionan, se adelantan con mucha fogosidad –¡y como debe hacerse!– e incluso se agazapan tras el volante en las rectas para mejorar la aerodinámica. Sin duda, disfrutan con lo que hacen. Finalmente, Gerard logra alcanzar y superar a sus dos amigos, cosa que celebra. Y los tres encantados, nada de malas caras.
Entre los coches, definitivamente coincido con Gerard y me quedo con el Mini por su atractivo diseño, su chasis altamente deportivo, la posición de conducción baja y, sobre todo, la comunicación entre el conductor y la carretera. Sin embargo, tiene una importante pega: es, con diferencia, el más caro de los tres. Esto hace que, para los más sensatos, el dilema se decida a favor del 207. Con prestaciones similares, baja la factura en casi 3.000 euros, no tiene menos equipamiento y, además, aporta más tamaño en una categoría en la que cada centímetro cuenta.