Hacía tiempo que no probaba un coche tan deportivo, y sobre todo con un caudal de sensaciones tan grande como el que ofrece el Cooper S Power On. Y ahora te estarás preguntado ¿qué es eso de Power On?, pues no es otra cosa que un Mini cargado hasta los dientes de kits deportivos. Como resultado se consigue un devorador de curvas, que se muestra imbatible en los circuitos y puertos de montaña.
Dress Up, Carbon Fibre y Power On
Para configurarlo, Mini ofrece la posibilidad de incluir tres kits principales de preparación que se pueden instalar juntos o de forma independiente. Son los siguientes: Dress Up, que se compone de un paquete aerodinámico (faldones traseros, delanteros y laterales), un juego de llantas de aleación ligera de 18 pulgadas y unas molduras situadas a la entrada de las puertas con la leyenda Works; Carbon Fibre, que incluye elementos exteriores e interiores en fibra de carbono, concretamente en la entrada de aire, carcasa, retrovisores, molduras de los intermitentes laterales, difusor, asidero del portón trasero, salpicadero, freno de mano y palanca de cambios. La lista se completa con el Power On, que incorpora un kit de potencia formado por un sistema de filtrado de aire, un tubo de escape deportivo en acero inoxidable, una electrónica del motor modificada, un emblema John Cooper Works para faldón delantero y trasero, un equipo de frenos deportivos y un indicador luminoso del régimen del motor. Con todo este menú de mejoras se consigue un coche realmente deportivo, que además aprovecha la buena base mecánica y la excelente puesta a punto del Cooper S.
Sin recorrer un solo kilómetro, su aspecto externo ya comienza a transmitirnos sus verdaderas intenciones, que se plasman en un diseño muy deportivo realizado con gusto. Ya cuando accedemos a su interior, este "pequeñín" de 192 CV termina convenciéndonos por completo. Su habitáculo nos recibe con unos bacquets Recaro de carreras, que te atrapan como si estuvieran hechos a medida. La posición al volante (como en todos los Mini) se consigue con rapidez, encontrándonos cómodos desde el primer momento. Los acabados están a la altura de lo que se espera: asientos tapizados en cuero y Alcántara (sólo en los delanteros), inserciones de fibra de carbono en el salpicadero y en los paneles de las puertas y un interior oscuro que destaca por ofrecer una buena realización.
Diversión al volante
Pero llega el momento de ponerse en acción, de sacar lo mejor que tiene este coche y de disfrutar como "enanos" de la velocidad y las curvas.
En primer lugar, el motor es una delicia de fuerza, prestaciones y funcionamiento. Ya pudimos conocer sus intenciones en la versión de 174 CV, que se ven mejoradas ostensiblemente en ésta, de 192 CV. Su respuesta desde abajo es inmediata, entregando todo su potencial sin desfases hasta las 6.000 rpm. Los 6,8 segundos que tarda en alcanzar los 100 km/h demuestran de lo que es capaz. Y ni que decir tiene que sus 233 km/h de velocidad máxima terminan por confirmar sus pretensiones. El 1,6 turbo de gasolina se merienda con rapidez las seis velocidades de un cambio que propone unos desarrollos muy bien elegidos y un guiado rápido, con unos recorridos más bien cortos.
Pero si el motor es contundente y deportivo, el bastidor no se queda ni mucho menos atrás. El tacto es de carreras, con unas suspensiones rígidas, una dirección "durita" y directa, unas reacciones rápidas y un balanceo mínimo en su carrocería. En curva, el tren delantero es muy directo e incisivo y el Mini apoya sin apenas inclinarse, entrando en curva como si fuera sobre raíles, con un mínimo subviraje y con una zaga muy bien asentada. Eso sí, es un coche que transmite la mínima imperfección del firme. La dirección copia absolutamente todo, su diferencial autoblocante tira como un demonio hacia el interior de las curvas, es saltarín y brusco en cuanto pasa por un bache y exige maneras al volante cuando queremos ir rápido.
Los frenos son los únicos que, lamentablemente, no se encuentran a la altura de las circunstancias. Su funcionamiento es correcto en uso normal, pero cuando toca la hora de exigirles, no son capaces de ponerse a la altura del motor y el bastidor. El tacto del pedal es demasiado esponjoso y desfallece con rapidez en cuanto le pedimos eficacia en las frenadas más exigentes. Aunque todo no iba a ser malo, ya que el tarado del ABS nos parece muy bien ajustado. Apenas se nota cuando entra en acción, algo que se agradece cuando toca apurar en las frenadas, ya que, además de ganar en efectividad, se gana en precisión cuando tenemos que dosificar su fuerza.
Sólo me queda decir que si quieres un Cooper S que tenga espíritu de John Cooper Works, acércate al concesionario Mini más cercano y prepáralo, no te defraudará… Te lo aseguro.