Debido a los altos costes que ha alcanzado el automovilismo en los últimos años, de vez en cuando suelen aparecer productos en el mercado que pretenden bajar los precios como sea. Y el Mitjet es actualmente el que mejor se adapta a estas necesidades. La idea es sencilla y muy atractiva.
Hablamos de un vehículo de chasis tubular construido por FAM Automobile en Francia, una fábrica que, entre sus realizaciones más importantes, cuenta con vehículos como el victorioso ZX Grand Raid del Dakar, los Silhouette del Campeonato Francés, los chasis del Peugeot 307 WRC o el Seat Toledo de GT, así como multitud de prototipos para el Trofeo Andros de Hielo.
El chasis está homologado por la FFSA, una de las federaciones más exigentes en cuestiones de seguridad, mientras que el resto de componentes vienen directamente de vehículos del Grupo PSA, como la dirección regulable y retráctil en caso de accidente, las manguetas o los cuatro frenos de disco.
150 CV a 9.000 rpm
Para animarlo se ha recurrido a un motor de motocicleta de 1.250 cc firmado por Yamaha que desarrolla nada menos que 150 caballos a 9.000 rpm. Este propulsor, unido a su caja de cambios secuencial y a sus escasos 470 kilos, lo lanza de 0 a 100 km/h en 3,6 segundos, un dato que sólo está al alcance de superdeportivos que superan los 200.000 euros. La caja de cambios es secuencial de cinco velocidades con un inversor para la marcha atrás. La elección de este propulsor se debe a que es el único motor de motocicleta que una marca comercializa nuevo, y para una Copa de este tipo se deben vender los coches con el motor con 0 kilómetros y precintado para asegurar la igualdad mecánica.
La potencia se transmite a las ruedas posteriores a través de un eje rígido con los palieres soldados, lo que actúa como si fuese un autoblocante tarado al 100%, uno de los responsables directos de las largas derrapadas y las altas sensaciones que se viven a bordo de este biplaza.
El equipo de frenos está compuesto por cuatro discos de 247 mm de diámetro, y el esquema de suspensiones es por doble triángulo, permitiendo trabajar, al igual que en un monoplaza, en la caída, la convergencia y el avance de los neumáticos en el tren delantero. Los amortiguadores de gas son también regulables en hidráulico y en precarga de muelle.
El rápido repaso técnico por el Mitjet se completa con unas vistosas llantas de 15 pulgadas acompañadas de unos neumáticos Michelin de serie. Su duración es tal, que la organización marcará dos juegos, que los pilotos deberán repartirse para toda la temporada.
Biplaza
En su interior, además de contar con todos los elementos de seguridad exigidos actualmente, nos encontramos con un salpicadero presidido por un volante retráctil, la palanca de cambios, un indicador de marcha, los botones que activan el arranque y las bombas, así como un sistema de datos Databox (opcional) que nos ofrece multitud de información de los tempos, revoluciones, temperaturas, etc.
Pero lo que más llama la atención es el segundo asiento que encontramos a la derecha del túnel de transmisión, una característica que aumenta mucho las posibilidades y la versatilidad de utilización del Mitjet. De esta manera, fuera de las competiciones, puede servir para realizar cursos de pilotaje y ofrecer las sensaciones de la competición a quien lo desee.
Al arrancar el motor, el impresionante sonido del escape 4 en 1 y las altas subidas de vueltas con las que nos deleita nos preparan el cuerpo para lo que vamos a sentir en marcha, sensaciones de auténtico purasangre de competición.
Tras insertar la marcha con un característico y seco "crack" de los cambios secuenciales de competición, el Mitjet comenzó su andadura por el Circuito del Jarama. Tras hacernos a sus elementos y calentar la mecánica, comenzamos a buscar los límites de este nuevo juguete. A partir de aquí, todo lo que sentimos sólo lo habíamos experimentado en vehículos de carreras que lo cuatriplican en precio. El cambio secuencial, el motor rugiendo a 10.000 vueltas (comiéndose las marchas como si con él no fuesen los kilos que estaba arrastrando), la precisión de su dirección (de sólo 1,5 vueltas entre topes), la perfecta colocación y el tacto de carreras de sus pedales... todo, de verdad que todo, nos gustó muchísimo, pero hay algo que conviene comentar aparte: su comportamiento.
De costado
Está claro que los creadores del Mitjet lo tenían muy claro a la hora de diseñarlo. Tenía que ser barato, correr mucho y, lo más importante, ofrecer unas sensaciones al volante impresionantes. Pues dicho y hecho.
Gracias a su propulsión posterior, a los palieres soldados que actúan como un autoblocante tarado al 100%, a su propia ligereza y a sus neumáticos de calle, el Mitjet va de costado todo lo que queramos. Basta frenar, entrar en el giro, acelerar y empieza la fiesta. Los metros derrapando se hacen interminables; es como si estuviésemos a bordo de un camión de competición, pero a la vez es muy gobernable.
La docilidad de su chasis hace que sea muy noble y controlable. Pero, eso sí, si en giros lentos y medios es totalmente sobrevirador, al llegar a una curva de alta velocidad se vuelve muy neutro, permitiendo un paso por curva muy elevado y a la vez seguro y sin sobresaltos.
Realmente es una pasada todo lo que experimentamos y vivimos a bordo de este ve-hículo, y al precio que lo podemos hacer. Sinceramente, hasta ahora, estas sensaciones al volante sólo las habíamos experimentado en GTs muy caros y evolucionados.