Desde la temporada pasada, en la que Francesc demostró estar a la altura de los buenos en la Challenge Nissan, su padre, Ramón, estaba fraguando en su mente un coche que, dentro de la categoría T2 (la más cercana a la serie), tuviese todas las virtudes mencionadas.
Tras un largo invierno en las instalaciones de TR2 haciendo ese sueño realidad, los resultados no han podido ser mejores: subcampeonato de España absoluto, triunfo en la Mitsubishi Evo Cup, victoria en su categoría en el Trofeo Ibérico, consecución del Campeonato de España Diésel y título de campeón FIA de Bajas en su categoría.
Para realizar esta maravilla no ha sido necesario gastarse una millonada en un preparador extranjero de "relumbrón". Del taller de TR2 ha salido todo el proceso, y solamente las suspensiones, unas revolucionarias FOX, que se han mostrado claves en el impecable comportamiento del coche, han sido desarrolladas fuera.
De la idea a la realidad
Para fabricar este coche el proceso es lento y minucioso. Primero se desmonta absolutamente todo y se deja la carrocería totalmente al aire; se eliminan todas las breas y se sitúan los elementos del complejo entramado de barras de seguridad, integrándolos en el chasis y sirviéndose de esto para anclar, en la medida de lo que el reglamento permite, los elementos sometidos a esfuerzo, como amortiguadores o tirantes, a la vez que se refuerzan los puntos vitales de la carrocería en las zonas donde reciban alguna articulación de otros elementos.
Para dar paso al conjunto amortiguador-muelle se han de modificar los brazos de suspensión delanteros, pues el conjunto pasa a través de ellos. Después, se monta ya el grupo motriz, al que se le incorporan unos inyectores especiales, la unidad de mando y los sensores necesarios para el nuevo rendimiento que se le piensa exigir para adecuarlo a la brida de 39 mm.
Una línea de escape especial y un sistema de disco/maza de embrague cerámico, de las medidas que el reglamento de T2 permite, completarán ese apartado, unido a un cambio y una transferencia de estricta serie, junto a un diferencial tipo Torsen que completa este apartado. Para Ramón Termens, uno de los puntos importantes es el peso y la situación de éste: "Hay que suprimir casi el ochenta por ciento de la instalación eléctrica (casi todo es sobrante para accesorios de uso particular) y colocar de manera muy meditada todos los elementos propios del habitáculo: bacquets, paneles de mando, etc..., un depósito de seguridad de 200 litros situado estratégicamente para bajar el centro de gravedad y todos los anclajes de elementos, como ruedas y demás, pueden colaborar de manera importante al centrado de masas... ¡ah! y un snorkel; algo que, como vimos en Portalegre, marcó la diferencia con nuestros rivales".
El resultado es un coche extremadamente fácil de conducir, equilibrado y con un mantenimiento que "con cariño" puede aportar grandes satisfacciones.
Aquí es donde las revolucionarias suspensiones Fox toman carta de naturaleza, pues hacen que se filtren todos los botes, zanjas y saltos hasta poder permitir un menor desgaste de todo el coche y una conducción muy segura y efectiva.
Al volante
A pocas horas de terminar la última carrera del año, los Montes de Cuenca, y sobre estos mismos caminos embarrados, nos pusimos al volante de un coche por el que sentíamos gran curiosidad por conocer sus secretos.
Tras unas pequeñas directrices de los Termens, "sénior" y "júnior", comenzamos a pilotar. Lo primero que echas en falta es unos palmos más de distancia entre ejes, pues, con el barrizal, llevarlo recto (incluso en las rectas) es toda una odisea; así que no te digo nada cuando vas en quinta, por una recta llena de charcos y según te ciegas has de tomar una curva larga sobre barro de hacer botijos y con bastantes irregularidades... como no estés muy pendiente de la zaga, ésta intentará terminar la curva antes que tú, aunque luego, sobre terreno más compacto, debo reconocer que la cosa mejora sensiblemente, aunque los largos apoyos los digiere bastante mal.
Otra cosa son las zonas estrechas, reviradas y complicadas. El coche aquí está en su elemento y es cuando notas su tremenda agilidad y su potencia que, aunque serían deseables algunas decenas de caballos más, te saca de cualquier apuro sin mayor problema.
Cuando más confiados estamos y mejor le tomamos el pulso, aparece ente nosotros un rasante ciego y Jordi Vilalta, el copiloto de Termens, que también nos acompaña a la derecha en la prueba, nos dice, "...es fondo, me acuerdo de ayer" y ¡claro, no le vas a hacer el feo! Así que despegamos en un vuelo "a lo Mil Lagos" y el coche cae totalmente plano y sin aparente esfuerzo para la suspensión (algo que donde primero se nota suele ser en los riñones). Ya nos dijo el padre de "las criaturas" (Francesc y el coche) que el equilibrio se había conseguido en un 55-45 % entre la parte delantera y la trasera. Así que nos disponemos a afrontar unos kilómetros mucho más "trialeros", de una manera más confiada.
Es allí donde pasamos casi por el aire, con botes y saltos totalmente descuadrados que, en ocasiones, hacen que sea uno solo el amortiguador que recibe el aterrizaje, pese a lo cual los baches y las roderas quedan "sobreseídas", casi sin levantar el pie (dentro de los cauces lógicos, claro).
Sin duda, si me dan a elegir, preferiré correr con este coche en las retorcidas pistas portuguesas, entre encinas y alcornoques, y aprovecharme de su agilidad, que en las interminables pistas aragonesas, donde una mayor batalla sería magnífica, pero, a las malas, me quedo con éste antes que con el Montero largo, aún a riesgo de equivocarme; elección que invertiría sin duda alguna en el caso de un Dakar.
Deduzco que, cuando se lleven varios minutos con el pie en la tabla en las llanuras aragonesas o mauritanas, habrá que estar muy despierto a la menor reacción de un coche tan corto, pero mucho menos que si este mismo vehículo llevara otra suspensión diferente a ésta, la mejor que he probado jamás en un T2.
Aunque las pegatinas de tu revista favorita han tenido este año un hueco prioritario en sus aletas traseras, no me explico cómo han logrado meter todos los títulos obtenidos esta temporada en el exiguo espacio que hay tras su portón trasero.