No es un duelo entre naciones, eso está claro. Y menos entre Japón y Alemania. Pero el hecho es que, allende los mares, Nissan concibió un día un excelente deportivo, que ahora ha tenido la osadía de mejorar notablemente gracias a un propulsor doce caballos más potente y prácticamente nuevo, a juzgar por ese 80% de piezas que la marca afirma tener de diferente. Eso significa que el Cayman S, un coche venerado hasta por los más "antiporschistas", se queda por debajo en potencia nominal, no llegando ni siquiera a los 300 caballos de potencia máxima final. Aunque no se queda atrás por esa aparente falta de "músculo".
Pero no es oro todo lo que reluce, eso está más claro que el agua, o que la propia leche en tetrabrik. Mientras que el 350Z gana potencia y bajos, el Cayman S es un tipo menos pesado y se permite el lujo de ser más rápido, no sólo en velocidad máxima oficial, sino también en los cronos habituales de aceleración, que son los que a la postre terminan siempre hablando alto y claro. Así que, mezclando conceptos, datos, ideas y sensaciones, es decir, que el Nissan es más potente y más barato, y que el Porsche es más caro pero más rápido (y no olvidemos que es un Porsche), nos topamos en realidad con una balanza final en perfecto equilibrio.
"Un, dos, tres, responda otra vez".
Tenemos delante ambos vehículos y nos parece que estamos concursando en aquel programa del "1, 2, 3", donde los concursantes llegaban a un momento en el que tenían que elegir entre dos opciones, a cuál más interesante. Y en ese también hipotético momento nos encontramos con la misma duda razonable cuando de elegir a uno de estos dos coches se refiere. Los dos nos gustan, los dos son deseados, los dos son deportivos de muy buenas prestaciones, los dos corren mucho, los dos frenan bien, los dos son biplazas, los dos nos apasionan... ¿por cuál decidirnos? Difícil elección, está claro.
El 350Z no sólo llama la atención y está bien hecho en todos los aspectos. Ahora, además, es mucho más potente y se nota claramente la mejoría en el apartado de la conducción. Distinto en forma, caché y hasta en maneras del Cayman S, el producto japonés logra una aprobación sin reservas para el que le gusten los deportivos.
No habría ninguna pega si no fuera porque, con ambos coches juntos, la duda te recorre todo el cuerpo. Cuesta decidirse. Claro está que cuando miras aspectos como el precio, donde el Nissan juega con una tremendísima ventaja, imposible de pasar por alto y no mencionar a "grito pelao", se disipa cualquier intención de duda (de hecho, esa décima a favor del Nissan en la valoración final se la otorgamos por esto). O eso creemos, porque si el precio no es obstáculo, el Porsche es el Porsche, no hay lugar a discusión. Y además, aunque con menos potencia (y eso que viste mucho eso de llevar más de 300 caballos debajo del capó), resulta que, comparando los cronos oficiales, el alemán es más rápido que su rival. Eso también pesa a la hora de tener un coche como éstos y poder jactarse de ello ante los amigos, o simplemente para contárselo a la almohada.
El japonés, además de ser más barato, ofrece más equipamiento de serie. El Porsche tiene una lista de opciones más larga y, a igualdad de elementos elegidos, también tienen un precio mayor. Por ejemplo, el alemán ofrece como opción los frenos cerámicos (en el Nissan esto no es posible ni por asomo), aunque el dinero a desembolsar por ello casi llega a los 9.000 euros. Sobran los comentarios, pero se demuestra que la marca alemana es mucho más elitista en todos los sentidos.
Auténtica eficacia.
Lo que sí demuestran con creces estos dos deportivos es su gran eficacia en carretera. Sus motores, de 6 cilindros, aunque con una arquitectura en V, son muy distintos. Nissan ha conseguido a un aumento de potencia y par ejemplar porque ha llevado a cabo muchas modificaciones en el propulsor; como ya hemos dicho, afirman que el 80% de las piezas son nuevas. Se ha ganado notablemente en tirón en bajos y medios regímenes, mientras que arriba no desfallece tampoco, damos auténtica fe. Así, en sexta velocidad, por debajo de 1.000 vueltas, se puede pisar un poco el acelerador y notar un golpe de fuerza que incluso te mueve el cuerpo hacia el asiento. Absolutamente delicioso, por otra parte. Este motor obtiene ahora un régimen de giro mayor, concretamente 500 rpm más que antes, y puedes llevar la aguja al corte a las 7.500 vueltas, al contrario que el Porsche, donde la inyección se interrumpe aproximadamente 300 vueltas antes.
Ocurre, sin embargo, que el coche alemán compensa la menor potencia y par con dos elementos que demuestran su importancia a la hora de la verdad: pesa menos y, en general, sus relaciones de cambio son más cortas, sin que ello impida que en sexta el desarrollo supere con creces los 250 km/h... el 350Z, supuestamente, está autolimitado a esa velocidad. Y ambos deleitan con un sonido, dentro y fuera del coche, que sencillamente enamora al conductor y al acompañante. Eso sí, en el Porsche parece que hasta el sonido es distinto, aunque en realidad es muy similar. También en estos dos coches el cambio se maneja con facilidad y las marchas piden eso, "marcha", porque el engranaje es perfecto, mientras que el embrague tiene el tacto justo (el del Porsche es algo más duro, pero a la larga se agradece).
En curvas por carreteras secundarias es donde sale a relucir la verdadera estirpe de estos coches, y de paso todas sus pe culiaridades. El Porsche exige una conducción más dedicada, y además puede llegar a ser más divertido, mientras que, como contrapartida a la ubicación del motor delantero del Nissan y la tracción trasera, el japonés tiene un paso por curva tremendamente elevado también, pero con mayor facilidad para hacerlo o, mejor dicho, con un nivel de exigencia para su conducción mucho menor.
Tanto uno como otro calzan ruedas muy anchas, de 18 pulgadas, y de diferente medida detrás para aumentar la superficie de contacto y de paso contribuir a una mejor transferencia de la fuerza que reciben al suelo. Es necesario así porque de otra manera sería delicada una arrancada o un acelerón a baja velocidad. Claro que, como siempre decimos, los pertinentes controles electrónicos son verdaderos ángeles de la guarda. Para los más atrevidos, o con ganas de diversión, toca desconectarlos y saber cómo se las gastan estos coches. El eje delantero del Porsche requiere esa atención a lo que se hace en una curva rápida, sencillamente porque al límite transmite mayor sensación de flotabilidad y porque hay que coordinar bien la acción del acelerador y el volante para realizar con éxito uno de estos trabajos. El Nissan es mucho más fácil en estas circunstancias, con un apoyo más franco e intuitivo; también, si se quiere, más aburrido, aunque nadie dice aquí que este coche sea precisamente poco divertido.
Como los dos vehículos andan mucho, también frenan mucho, pero el tacto del freno del Porsche es superior, y eso que el Nissan es un coche muy, pero que muy bien hecho en general. En definitiva, son dos coches con mucha potencia, con diferencias en su conducción y, sobre todo, en el precio y el equipamiento extra, pero dos vehículos divertidos, atractivos y que, al final, tampoco nos importaría tenerlos juntos en el mismo garaje.