No sólo de pan vive el hombre, y no sólo de potencia los deportivos. Afortunadamente, el OPC no es únicamente un misil balístico gracias a sus contundentes 240 caballos, que le sitúan entre los más potentes y rápidos de su categoría: motor aparte, este vehículo enamora en conducción deportiva, y la guinda la pone la suspensión electrónica IDS Plus. Con todo ello, se convierte en todo un referente, pues el último elemento clave a tener en cuenta, el precio, no se dispara. Así, no hay nada que corra tanto por los 30.500 euros que cuesta.
Estética diferenciada.
El Astra GTC ha sido la base tomada para el OPC, que solamente estará disponible en versión de tres puertas. Al primer golpe de vista destaca su menor altura, por las suspensiones rebajadas (15 mm), de manera que parece más bajo y ancho. Las nuevas defensas, en particular la delantera, incluyen rejilla de nido de abeja en profusión, tanto en las tomas de aire como rodeando a los antiniebla. También en la parrilla frontal encontramos este material, que aporta aspecto deportivo sin parecer tuning.
Detrás son nuevos tanto el alerón como la salida de escape, colocada en su centro, y visto de lado, no dejan de llamar la atención las pinzas de freno en color azul, que pueden verse a través de las grandes llantas de 18 pulgadas.
La cabina de los Astra destaca entre la competencia, tanto por la calidad de sus acabados como por los materiales utilizados. Nada tiene que envidiar a modelos como el Volkswagen Golf, tradicional referente, incluso la pondría por delante de éste.
En el caso del OPC, cuenta con un discreto pero efectivo grado de personalización. Importantes para la correcta sujeción del cuerpo en las curvas por las que nos llevará el OPC son los asientos, firmados por Recaro, y que destacan enormemente frente a los de tipo convencional.
Ciertas franjas de la instrumentación adoptan el mismo color de la carrocería, los pedales son de aluminio, y hay algunas inserciones metálicas nuevas. La palanca de cambios, demasiado gruesa y algo corta, está situada muy atrás, con lo que el codo puede tener sus más y sus menos con el asiento a la hora de cambiar de marchas.
Motor de infarto.
Derivado del 2.0 de 200 caballos ya visto en el Astra GTC, el nuevo bloque genera la friolera de 240 CV a 5.600 vueltas. Para alcanzar la nueva cifra de potencia se ha incrementado la presión del turbo a 1,25 bares, los pistones, reforzados, se refrigeran por aceite, los inyectores son más grandes y el intercooler más eficaz. En él se han eliminado los ejes de equilibrado, una medida que ha aportado algo más de brusquedad a cambio de reacciones más rápidas.
Su funcionamiento es espectacular. Brilla con toda su fuerza a partir de las 4.000 revoluciones, pero no hace falta llegar a esa cifra para que nos quedemos pegados al asiento: mucho antes, a 2.400 vueltas, ya ha entregado todo el par motor, 320 Nm. A partir del primer momento comentado, más que la clara patada del turbo -muy progresivo aunque menos que en la versión de 200 caballos-, lo que hace que se perciba con claridad un punto de inflexión es que el sonido se convierte en rugido, o más bien en aullido huracanado. Así, lejos de molestar, apasiona. No nos falta potencia ni cuando aceleramos en marchas largas, y no es necesario revolucionarlo para que corra. Alcanza una velocidad máxima de 244 km/h, y es capaz de llegar a los 100 desde parado en 6,4 segundos.
Su caja de cambios es de seis marchas, y sus pegas están más en su forma y posición que en su función, que realiza con presteza y precisión.
En lo referente al consumo, la cifra oficial es la normal para un motor de sus características, pero en conducción deportiva se dispara más que proporcionalmente. Gasta bastante cuando se le pisa, vaya.
Veloz.
La única pega, o mejor dicho, el único elemento mejorable de nuestro protagonista sobre el papel, es la suspensión trasera, de tipo semiindependiente, siendo la delantera McPherson. Por todo lo demás, el OPC las tiene todas consigo para ser, como apuntaba, no sólo el más rápido de los compactos deportivos, sino también el más ágil y gratificante.
La amortiguación del OPC es tremendamente eficaz tanto por su firme tarado como por los ajustes realizados en el circuito alemán de Nurburgring. Nuestra unidad de pruebas cuenta con la suspensión electrónica IDS Plus, un elemento no disponible ni en opción en ninguno de los modelos de la competencia. Con él, resulta ya bastante deportivo en la posición de marcha convencional, todavía más dura que muchos competidores, y radicaliza su respuesta en el modo Sport.
Una vez en marcha, disfrutamos de lo lindo. El vehículo avanza como un cohete, y en curvas es tremendamente ágil y fácil de conducir. Sus reacciones son nobles, con alguna puntualización: las grandes llantas, de 18 pulgadas y perfil muy bajo -40-, hacen al vehículo un poco complicado al límite de sus posibilidades, sobre todo en mojado, y más sin ESP: nunca pierde ni un ápice de su nobleza, su trasera no da demasiados sustos, pero se hace menos predecible y las reacciones son más bruscas. Sin embargo, el mentado ESP tiene un buen funcionamiento, de manera que no detiene al coche al primer síntoma de derrapaje, y aporta mucha seguridad.
En segundo lugar, su dirección es muy directa y devuelve en ocasiones parte del movimiento de las ruedas, lo que nos obliga a estar un poco más atentos de lo habitual, sobre todo en movimientos como adelantamientos rápidos en carreteras de doble sentido. Reacciona como si tuviese autoblocante, pero no. Y eso que le vendría al pelo... A cambio, su precisión es elevada, y enamora en zonas viradas por su rapidez.
Tras releer la toma de contacto con nuestro protagonista semanas atrás, matizo que las pérdidas de motricidad son importantes. El control de tracción tiene mucho trabajo, algo normal con tanta potencia a entregar al suelo únicamente mediante el eje delantero. En recta no hay problema –lo que dice mucho en su favor–, pero debemos dosificar con tacto el acelerador a la salida de las curvas más lentas si no queremos que toda la fuerza se pierda en giros sin fin de las ruedas.
En definitiva, dejando a un lado al Alfa Romeo GTA, mucho más caro, pocos coches de su categoría pueden plantarle cara al poderoso Astra OPC.
Equipamiento.
En cuanto al equipamiento de serie, incluye la suspensión IDS Plus, climatizador, CD con MP3, espejos eléctricos calefactados, elevalunas eléctricos, dirección asistida, cierre centralizado, airbags frontales, laterales y de cortina, reposacabezas activos o pedales retráctiles. Su precio, 30.500 euros, le aleja del más asequible Ford Focus ST de 225 CV, pero sigue por debajo de vehículos como el Toyota Corolla TTE, de 33.000, aunque más equipado.