El JP1 son palabras mayores: la diferencia entre un coche de carreras desarrollado a partir de uno de serie y un monoplaza o barqueta, pensado desde el principio solamente para correr, es brutal.
Sobre todo, por el peso. El JP1 no llega a la media tonelada, es decir, tres de ellos pesan lo mismo que el Jaguar XKR. Si a ello unimos un motor V6 de 370 CV, las consecuencias son espeluznantemente buenas para la dinámica.
Primero, para la aceleración: el 0-100 se produce en 3,6 segundos, pero, sobre todo, por el paso por curva. Éste es simplemente perfecto.
Mi acoplamiento con esta máquina fue mejor que con el XKR, como esbozaba, a pesar de que todo era más difícil: la posición de conducción tendida, el volante pequeño y duro, al igual que los pedales, las suspensiones con recorridos mínimos…
A pesar del agua, las frenadas siempre podían alargarse más, el coche se detenía siempre antes de lo previsto, y cuando empecé a apurarlas de verdad, si en alguna creía haberme pasado no había más que girar el volante y meterse en la curva con fe ciega: el morro se inscribía en ella como por arte de magia. Parecía que el suelo estaba seco, tal es su agarre.
En cuanto al nerviosismo, mientras el eje delantero parece que va sobre raíles, el trasero es más vivo. Realicé dos buenos trompos, pero fue cuando estaba de verdad exprimiendo sus posibilidades. De lo contrario, hay que tener tacto con él, pero menos que con el Jaguar. Se puede acelerar mucho antes, aunque con similar tiento.
Así que esta barqueta es un verdadero sueño para los amantes de las curvas, y ninguno debería morirse sin subirse a una de ellas o a un monoplaza. Las sensaciones se multiplican, y todo es perfecto para una eficacia y diversión máximas.