Si Cervantes levantara la cabeza, y tuviera tanto tiempo como el que tuvo para crear uno de los personajes de ficción más famosos en el mundo entero, seguro que cambiaría un poco su elogiable historia. Don Quijote seguiría siendo el personaje principal, y su fiel escudero, Sancho, el que le siguiera.
Sin embargo, Rocinante seguro que sería una dulce mascota, igual que Rucio, el burro de Sancho, y la montura de este ingenioso hidalgo pasaría a ser el 308 GT, un coche con garra, con cierto nervio, muy ágil en carretera, perfecto para emprender en cualquier momento una aventura inesperada y más potente que el animal otorgado a Sancho. No es que con él pudiera embestir de lleno a los molinos, confundidos con gigantes, es que antes los sortearía sin el más mínimo problema y con la agilidad propia de un deportista entrenado en el día a día con las mejores técnicas.
Sancho le seguiría con el Golf, siempre atento y con una respuesta segura, que es lo que siempre ofrecía el escudero a su amo. De hecho, hemos escogido una versión similar en potencia a la de este 308 GT, aunque algo por debajo, porque es algo más "manso" para el cometido de esta historia y con una facilidad pasmosa para ser conducido hasta por el más inexperto de los conductores… y Sancho precisamente no destacaba por ser un ávido especialista en la materia.
Luchadores natos
Sin duda, con el 308 GT, Peugeot ha conseguido que nos volvamos a apasionar por los turbo. No se trata de los motores turbo de finales de los “80 y principios de los ”90, donde la patada en algunos modelos era hasta exagerada, pero es que los 175 caballos de este 4 cilindros son muy briosos, con una respuesta que, sin ser brusca, se nota y se agradece, porque está disponible desde pocas vueltas (a 150 rpm menos que en este TSI del Golf en lo que respecta al par), y de ahí ese sabor nostálgico, pero también muy actual, de este propulsor. Se disfruta en el Peugeot el poder meter el pie derecho hasta el fondo y que el coche responda saliendo rápido, e incluso, en algunas ocasiones, hasta el poner en aprietos al tren delantero haciéndole perder tracción, para disfrute de nuestra conducción tratando de encauzarlo por donde nosotros queremos.
Frente al Golf, la respuesta del motor aparentemente es más rápida, porque el alemán, con la doble sobrealimentación (en las primeras vueltas con compresor, y luego con turbocompresor), ha buscado mejores consumos y una respuesta muy buena, pero más "llana", menos llena de sensaciones. Por eso, las sensaciones a bordo del francés son más vivas, con más nervio, y están más acordes, además, con una carrocería muy atractiva de tres puertas, donde la marca ha sabido recoger detalles estéticos muy agradecidos: desde un perfilado morro con una gran entrada frontal de refrigeración, hasta una línea en general con mucho carácter y empaque, gracias, entre otras cosas, a un pilar C muy robusto. El Golf, por el contrario, se muestra, si así lo podemos entender, algo más aburguesado cuando comparas ambas carrocerías, con líneas menos exuberantes y arriesgadas. Para sorpresa de muchos, la calidad general percibida, y real, en el 308 es tan buena como la de su rival alemán a nuestro juicio, incluso algunos plásticos del salpicadero nos han parecido mejores, lo que dice mucho en este sentido del modelo galo, que sube el listón bastante alto.
Uno ágil y el otro fácil
Para Don Quijote, siempre lo más atrevido, acorde a su personalidad, y de paso que sirva para encandilar con más suerte a las más bellas doncellas. Así, el 308 se muestra tremendamente ágil en cualquier circunstancia, con cierta deriva en el eje delantero si le buscamos las cosquillas, pero, sobre todo, fácil de controlar y siempre con respuesta de sobra en sus cuatro "patas" a poco que sepamos manejar el cambio con cierta soltura. Este último tiene desarrollos más largos que su rival, y de ahí que la velocidad máxima final sea más elevada, aunque luego, en cuanto a aceleraciones se refiere, el alemán saque a relucir este tema. Pero por una cosa y por otra se compensan, ya que la sensación al volante en el Peugeot 308 GT es verdaderamente sobresaliente, con unos asientos de tipo deportivo que sujetan muy bien el cuerpo y colaboran a esa mayor sensación de deportividad. A veces, sin pretender ir rápido, te das cuenta de que la acción del turbo está haciendo que superes la velocidad legal permitida sin que te des cuenta, y que parezca igualmente que los desarrollos del cambio se queden cortos. Eso también pasa en el Golf, pero tardas más tiempo en percibirlo, porque todo está más dulficado y pasa mucho más "filtrado".
Sobre asfalto, Sancho conduciría el Golf con los ojos cerrados, pues el chasis del alemán admite cualquier "barbaridad", y te acostumbras a él como a una bicicleta. Pero, frente a este 308, también ofrece menos sensaciones a su conductor, especialmente sensaciones deportivas. El 308 GT obedece fielmente a lo que hacemos con el volante, los frenos y el cambio en cualquier curva, y además los neumáticos agarran bastante más que los de su oponente de estas páginas, donde el deslizamiento del eje trasero en una curva cerrada es mayor, o más bien, sale a relucir antes. De todas formas, tanto en uno como en otro, cualquier reacción brusca que se nos pueda presentar es fácilmente controlable con una sencilla acción de volante, o simplemente con dejar de acelerar en un momento dado, lo que implica una gran seguridad para su conductor.
Y aunque para Don Quijote siempre se dispuso lo mejor, no necesariamente en esta historia reescrita brevemente a nuestra manera sería lo más caro, porque, comparando precios, resulta que, a semejanza de equipamientos, el 308 GT, que ofrece cinco caballos más, obtiene ventaja a la hora de desempolvar la chequera, con una diferencia que, por ejemplo, más o menos nos permitiría pedir que nuestra unidad llevase el navegador, una de las opciones más caras normalmente en este tipo de coches. Para Sancho, claro, un valor seguro, y he ahí este Golf, mucho más conservador.