lunes, 08 de septiembre de 2008 Buscar

Pruebas

Porsche 911 GT3

27/03/2007

Elías Domingo / Fotos: Antonio Sánchez Magariños

Porsche 911 GT3

En los circuitos se habla de los gentlemen drivers, aquellos con más posibilidades que pilotan los mejores coches. En los rallyes, a partir de ahora, tendremos que quitarnos el sombrero cada vez que pase este coche. El 911 GT3 se ha convertido, por derecho propio, en el más elegante de los tramos.

La llegada de los GT, claro está, no es la única solución que necesitan nuestros rallyes, aunque con equipos como el que han conseguido montar los hermanos Vallejo, la solución está cada día más próxima. Lo primero que llama la atención de este tinglado, es la imagen. Ver todo un 911 bien pintadito, con las pegatinas nuevas, esas tremendas llantas y una línea que enamora a cualquiera era algo, hasta ahora, impensable. "Esto es un Porsche, no un Clio", nos dice Sergio. Tiene toda la razón, no es lo mismo pilotar un Renault que sentarse a los mandos de un Porsche, con todos los respetos para el fabricante francés. Pero es que un Porsche, es un Porsche. ¡Eso no lo vamos a descubrir nosotros!

La línea es magnífica. Equilibrio perfecto entre el estilizado capó delantero y la contundente caída de la trasera, que alberga el motor y la tracción. ¡Todo atrás! ¿Cuánto hacía que no veías uno? El 911 llama la atención allá donde va.

Invitados de lujo
Con el firme propósito de comenzar la temporada un poquito antes, el equipo se ha animado a hacer unos tests casi con las maletas hechas para Alicante. El tramo no podía ser mejor: al pie de Meira, localidad natal de los hermanos Vallejo, en especiales que en su día lo fueron del San Froilán, justo detrás del nuevo parque eólico construido en la Sierra de Meira… ¡Ya os podéis imaginar! La carretera es una preciosidad, aunque con un Porsche…, no sé yo; habrá que estar atentos. La primera parte del tramo, en constante bajada, está muy rota, tiene mucha piedra suelta, cruzan la calzada un par de regatos en busca, quién sabe, del cercano nacimiento del Miño y, entre tanto, el barro va comiendo terreno a una carretera que apenas usan tres o cuatro vecinos cada día. ¡Cosas de la vida moderna!

A las pruebas, que en la primera de las jornadas se desarrollarán un poquito más allá de ese trozo que os describíamos, han venido pilotos como Beny Fernández o Graña. Y es que no han querido perderse una jornada como ésta, en la que podrán revivir sensaciones y sonidos del pasado. Pero ellos pondrán a prueba la templanza de Sergio en un tramo más abierto, con menos barro, mejor asfaltado…, igualmente espectacular.

Después de que tan ilustres pilotos hayan salido convencidos de lo rápido y eficaz que resulta este coche, Sergio nos da el OK para subirnos a su lado durante unos kilómetros. El interior está impoluto, intacto, casi huele a nuevo y realmente llama la atención el perfecto rematado interior. Es un coche de fábrica, excepto en las modificaciones, pocas, efectuadas en el lado del copiloto. Tratamos de acomodarnos a la nueva angostura; todo es más pequeño, mejor dicho más bajo, puesto que la línea "coupé" del 911 nos deja poco espacio para la cabeza. Sergio, más habituado, entra ágilmente y pronto está atado y dispuesto.

Listo
El sonido del 911 es embriagador. Desde la primera chispa del contacto oímos algo nuevo, algo distinto, algo que por otro lado retumba en el valle y nos devuelve un eco con sabor a nostalgia. ¡Qué bien suena! Eso era lo que más nos había llamado la atención hasta que, curiosos, le pedimos a Sergio que comience la prueba.

El primer acelerón es demoledor. Los 400 CV de potencia nos dejan perplejos, sin palabras. Pero el clímax no termina. Tras la primera, viene la segunda, luego la tercera, la cuarta… Sencillamente espectacular. Normalmente, los coches de carreras asustan por muchas cosas, cada uno tiene su cosa, su materia distintiva; el Porsche es un continuo placer. Es el placer de la aceleración, la eficacia de la frenada, la fina armonía del contravolanteo y el consiguiente golpe de gas. Es, en definitiva, la perfecta sincronía entre un hombre y una máquina, sin demasiados aditamentos superfluos, con precaución en las curvas, con decisión en los golpes del gas y con muchísima determinación para frenar a una bestia que siempre pide más carretera, más recta.

Un par de curvas enlazadas ponen a prueba la pericia de un Sergio que ya se ha hecho con los mandos de un Porsche magistral, una criatura que exige una demanda enorme de forma física, pero también de precisión, la de un relojero suizo, y de decisión, la de un jugador de rugby en busca del ensayo. El Porsche no concede dudas, no te quita nada si lo sabes llevar, pero no te hace mejor piloto. No te regala tracción total, pero te obsequia con una patada bestial. Hasta esas 8.000 vueltas, que después leeréis que gira, no veremos dos potentes luces naranjas encendidas, momento en el que Sergio, sin pensarlo, vuelve a darle un arreón a la palanca para seguir escalando revoluciones, para seguir camino del final de un tramo que se compone básicamente de curvas muy largas y rectas muy cortas. Rectas llenas de velocidad, de un estrepitoso sonido que no es ruido, de un sonido que te llena tanto que crees que no hay nada mejor.

También desde fuera

Nos ha gustado, mucho. Puedes rodar con un Porsche rápido en circuitos, en trazadas largas y chicanes bien protegidas con ruedas y vallas. Pero en San Froilán no hay nada de eso. No hay ruedas, si acaso arbustos o, ahora, algún almendro empezando a florecer. Tampoco hay largas curvas que te sabes de memoria, lo que hay son trampas, las mismas que habrá en las Rías Baixas o quizá en Cantabria. "Es imposible cortar en las curvas", advierte Sergio. Algo lógico si echamos un vistazo a la imposible posición del motor y la caja, a ras de suelo, bajando el centro de gravedad lo más cerca posible del centro de la Tierra. Todo muy abajo, todo muy atrás.

"¿Y no te da pena meter el coche en el tramo?", le preguntó a Sergio un dirigente político el día que presentó el coche en Lugo. "No", contestó "O Lobo de Meira". "Este Porsche cuesta menos que el Clio S1600 del año pasado". Una verdad (como dice el anuncio) verdadera. El Porsche es un misil, es muy bonito, es muy rápido y, como punto flaco, muy difícil de llevar. El paso por curva es lento, pero la aceleración es brutal. Con sus cosas, las buenas y las malas, es más barato que un Clio. Las revisiones cuestan cuatro veces menos y se hacen cada 4.000 kilómetros de tramo, no cada 1.000 como en los S1600. Los elementos del coche son de serie, aunque de una serie tan exclusiva y lejana de las manos inexpertas que, sin duda, se puede calificar como artesanía. El 911 GT3 es un regalo de la ingeniería, que ahora tendrá que correr por toda España, no queda otro remedio. 

Vamos a tener que llenar las cunetas para ver los S2000, sí, para comprobar cómo pasa el S1600 con 50 kg menos, claro, para disfrutar con los Evo IX de costado en cada curva, desde luego. Pero no olvidéis cerrar los ojos cuando empecéis a oír un motor de 6 cilindros rugiendo como un condenado. Se llama 911 GT3, es alemán y un tipo interesante.

 

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