Carlos Sainz ejerció de maestro de ceremonias en la presentación internacional del nuevo Touareg, que Volkswagen desveló la pasada semana en Túnez. Además de poder conducir el coche con el que VW quiere aumentar su penetración en el segmento de los todoterrenos de lujo, pudimos comprobar qué se siente haciendo de copiloto del madrileño sobre la arena, y también emulándole a él al volante del Race Touareg 2, el vehículo que ganó diez etapas en el último Dakar y que, ciertamente, nos sorprendió gratamente.
Al margen de la robustez, destacan sus suspensiones, que se comportan de forma impecable sobre terreno adverso. En este tipo de vehículos es muy importante que el coche pueda absorber cualquier tipo de obstáculo, tanto a baja como a alta velocidad, y que salte bien, porque un vuelo desestabilizado puede provocar un espectacular vuelco.
No es, evidentemente, comparable a un coche de serie, ya que es un prototipo, cuyo precio aproximado es de 1,2 millones de euros por unidad. El motor, el chasis, las suspensiones, el habitáculo, la sencillez y la facilidad con la que uno lo tiene todo a su alcance están diseñados, pensados y fabricados para competir en el Dakar, probablemente la carrera más dura del mundo para pilotos y máquinas. En este tipo de vehículos se parte de la premisa de que todo sea fácil de cambiar, porque si empleas mucho tiempo en ello pierdes toda opción a la carrera. Lo más costoso de un coche de raids es hacerlo, precisamente, para que no se rompa nada.
Cuando uno se pone al volante, una de sus primeras sensaciones es que el coche va muy alto, incluso como flotando, con mucha distancia al suelo, y que es muy pesado, y al no llevar barras antibalanceo, dispone de un tipo de suspensión que permite pasar por una serie de sitios donde sería imposible hacerlo con cualquier otro tipo de vehículo... y a fondo. Da una sensación de seguridad total cuando se le va cogiendo el truco, ya que en un primer momento tienes que hacerte al siempre difícil compromiso de las inercias en la frenada. De hecho, es un coche con menor precisión que uno de rallyes, porque tiene más inercias, pesa más y, al tener mayor recorrido de suspensión, balancea mucho más.
El nivel de potencia del coche es impresionante, a la altura de un WRC, alrededor de los 300 caballos, aunque, por el peso, le cuesta sacar el nervio arrancando de cero. Una vez en marcha, cuenta con un extraordinario par, equipado con un motor TDI de 2.500 cc y una caja secuencial de 6 velocidades que te permiten exprimir a fondo las cualidades del vehículo. Destaca, por otro lado, la excelente insonorización del habitáculo, e incluso la comodidad, aunque es evidente que una cosa es cubrir 8 kilómetros, y otra muy distinta, 8.000.
Puede con todo
La principal virtud del Race Touareg, sin embargo, es su preparación para engullir los obstáculos a cualquier velocidad. Impresiona el recorrido de las suspensiones; la altura libre del coche, que es muy elevada, te permite vadear y pasar dunas con muchas más posibilidades, ya que en caso contrario pegarías contra el suelo o te quedarías atascado. Hay mucha más distancia desde la parte inferior del coche hasta la tierra para evitar sorpresas desagradables.
Por otra parte, se nota la mano de Carlos Sainz en este coche. El trabajo de puesta a punto ha permitido que la unidad que ha corrido el último Dakar no tuviera nada que ver con la de 2006, y eso que es el mismo coche. El propio Carlos nos explicaba que "antes del Dakar dije que, a pesar de que no llevábamos un coche nuevo, era como si lo fuera. Las geometrías de suspensión son diferentes, el motor es diferente, la marca de amortiguadores es diferente, los frenos son diferentes, la dirección asistida es diferente y el reparto de pesos es diferente".