viernes, 03 de septiembre de 2010 Buscar

Pruebas

El comportamiento dinámico del nuevo Laguna se sitúa entre los mejores de la categoría.

16/10/2007

Gustavo RODRÍGUEZ / Fotos: Jorge BRICHETTE

Renault Laguna 2.0 dCi 150 CV

El Renault Laguna, recién llegado al segmento que más se va a renovar en los próximos meses, se presenta con argumentos suficientes para plantar batalla a la feroz competencia y ser un posible superventas.

El nuevo Laguna no es un lanzamiento más de la marca del rombo, todo va mucho más allá. La entrada en el mercado de la renovada berlina francesa supone un antes y un después en la historia del fabricante francés.

La calidad se empieza a respirar cuando comenzamos a analizar el ensamblaje de la carrocería. Todas las piezas presentan un ajuste perfecto, sin apenas holguras y con buenos remates en líneas generales.

Por encima de la media
Ya en el interior, percibimos una buena presencia y una excelente calidad de realización en líneas generales. Nuestra unidad de pruebas presentaba el acabado Privilege, que cuenta con un ambiente carbono oscuro, es decir, la gran mayoría de los materiales tenían un aspecto casi negro con un guarnecido plateado recorriendo el salpicadero.

Los asientos están a la altura de las circunstancias; menos butacones que los del Laguna anterior, adolecen de una banqueta corta que ahora, sin embargo, ha ganado en sujeción lateral. El reglaje lumbar ha mejorado mucho, porque es más resistente y ahora se nota de verdad. Los mandos nos han recordado muchísimo a los que tiene el Serie 3 de BMW, ya no sólo por diseño, sino por tacto y funcionamiento.

La visibilidad en los tres cuartos delanteros es muy buena y algo justa la trasera, aunque lo compensan los excelentes retrovisores exteriores, que tienen plegado y desplegado automático cuando arrancamos y paramos el coche. El volante tiene un diámetro pequeño y el grosor del aro es perfecto, más delgado arriba y más grueso en la parte inferior. Cabe destacar la leve forma achatada de la zona inferior, que tiene una función de desahogo en el espacio para las piernas.

Los mandos satélites de las luces y los limpias son nuevos en la gama Renault. Por fin encontramos una excelente unión en la coquilla superior e inferior del volante. Parece una sola pieza, presentando un sellado perfecto. Los mandos tienen un tacto sólido, siendo más grandes y cortos que los actuales.

Nuestra unidad equipaba navegador, una opción que cuesta 1.500 euros. Es el mismo Carminat de la anterior generación pero con una pantalla de 7" que se ve perfectamente y con total claridad. El equipo de sonido es de los mejores que hemos encontrado en un Renault. Ahora sí que tiene graves y potencia para satisfacer a cualquiera, aunque si le exigimos demasiado generará molestas vibraciones producidas por los altavoces situados en los paneles de las puertas.

De última generación
Como buen Renault que se precie, el nuevo Laguna es una de las berlinas más modernas de su segmento, por no decir la que más. Es un coche de última hornada por muchos motivos: equipamiento, funcionalidad y calidad. Dispone de sistemas que hacen la vida del conductor más fácil, como un dispositivo que evita que se descargue la batería cuando lo dejamos aparcado mucho tiempo, o la tapa del depósito de combustible, que evita tener un engorroso tapón. Son detalles que se agradecen y que no aparecen en la lista de equipamiento.

Ya que hablamos de su equipamiento, destacaríamos el sistema manos libres, que funciona de manera similar al que monta su predecesor, y el radar delantero y trasero, que ahora sí tienen un avisador acústico en condiciones.

Cuando nos ponemos en marcha lo primero que nos llama la atención es lo bien aislado que está el habitáculo. En primera velocidad, a 3.500 rpm, el sonido del motor no se puede considerar molesto porque es como un rumor. Se percibe que Renault se ha esforzado en aislar perfectamente el habitáculo y parece que lo ha conseguido.

En cuanto funcionamiento, el 2.0 16V dCi de 150 CV es un motor agradable, muy progresivo y que entrega su potencia de forma lineal. Lo que menos nos gusta es la ausencia de bajos, ya que por debajo de 2.000 rpm no encontramos mucha potencia disponible. Eso sí, a partir de dicho régimen responde con plenitud hasta rozar las 5.000 rpm. El cambio se maneja con poco esfuerzo y se puede llegar a utilizar con rapidez. Los recorridos son demasiado largos y su tacto es algo esponjoso, no obstante, es casi imposible equivocarnos al meter las marchas. En cuanto al embrague, es similar al de su predecesor, con un tacto muy blando y de corto recorrido.

Ahora sí que tiene feeling
Donde más ha mejorado el nuevo Laguna es en el apartado dinámico. A nivel mecánico mantiene el mismo diseño de suspensiones, con un tren delantero McPherson con triángulo inferior y eje trasero en H de cierto efecto autodireccional. Ahora, el Laguna es un coche que transmite una confianza ejemplar, sus reacciones son muy sanas y su dirección comunica perfectamente lo que ocurre entre las ruedas y el asfalto, además de sentir la variación en la asistencia.

En carretera, el tren delantero aporta mucha adherencia, y el tren trasero, como hemos comentado, tiene un cierto efecto direccional que permite ganar en agilidad y que neutraliza las malas maneras en el paso por curva, eliminando en la medida de lo posible el subviraje. Si jugamos con las reacciones del tren trasero, podemos divertirnos y disfrutar de una conducción sumamente ágil, sin que el coche nos exija demasiado, ya que el control de estabilidad –no desconectable– impide que la zaga se adelante.

Los frenos funcionan a las mil maravillas, un apartado al que Renault suele prestar especial atención, y eso se nota. El tacto es excelente, ya que no es demasiado esponjoso y la asistencia se puede dosificar perfectamente sin que el ABS se entrometa demasiado en las frenadas. Además, tiene la eficacia y la mordiente de un GTi, con una gran resistencia a la fatiga. Se lleva un 10.

 

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