Hay que cambiarse el chip. Ya nos había pasado con el Impreza 2.0 de 160 CV, y se vuelve a repetir con el 1.5R de 105: pisar el acelerador de estos vehículos no es lo mismo que hacerlo en los Impreza WRX o STi, no nos va a catapultar al hiperespacio en unos segundos.
Y es que el 1.5R no es un deportivo, es un modelo tranquilo especialmente recomendable para los que necesiten tracción total todo el año, pues la trae de serie. En él encontrarán una berlina con un chasis bien ajustado, un precio muy interesante y capacidad para rodar por carreteras nevadas, por ejemplo.
Al contrario, resulta menos competitivo para los que no precisen de este sistema, y definitivamente deben olvidarlo los que busquen deportividad. Con 105 CV, sus ventajas a la hora ganar efectividad en firmes convencionales por ser 4x4 no son claves, y supone más dinero y peores prestaciones o consumos.
Estética
El aspecto del Impreza no deja de ser curioso. Por una parte, es semejante a los Subaru que ganan carreras en el Mundial, lo que le da un tinte deportivo, pero, por otra, su figura de tres volúmenes ha dejado de estar de moda, y es difícil que un modelo de estas características, que no sea de BMW o Mercedes, llame la atención. Juzga tú mismo.
Dentro, el aspecto es más sobrio y clásico, con una calidad percibida elevada, aunque sin llegar al nivel de los mejores de la categoría. A pesar de la clara mejora de las últimas generaciones en este apartado, a los Impreza todavía les falta un empujón en acabados interiores para estar en primera línea.
En lo que a espacio se refiere, los centímetros no sobran. La anchura es la medida más escasa y, en general, ninguna es demasiado generosa. La capacidad de maletero es de 400 litros.
Ágil, pero no rápido
No podemos pedir peras al olmo, ni prestaciones de infarto a un motor 1.5 de 105 CV. Efectivamente, el propulsor de este vehículo tiene la potencia justa en un cuerpo de 1.300 kilos para moverlo con soltura, que lo hace, pero sin alegrías. Como decía, no estamos tratando con un deportivo.
Sin embargo, lo que sí es deportivo es su chasis. Ligeramente más suave que el de sus hermanos mayores, sigue siendo perfecto para las carreteras con curvas, en las que disfrutaremos de una precisión exquisita sin necesidad de haber recurrido a suspensiones muy duras. De todas formas, la falta de caballos no permite sensaciones de infarto. Quizá solamente en un puerto de montaña, bajando y con nieve… Ahí no hay quien le tosa. Pero ésta es una anécdota en lo que será su vida útil.
La tracción total, como esbozaba, plantea ventajas e inconvenientes. Desde luego, es una de las berlinas más asequibles con este sistema, de forma que resulta particularmente interesante para el que necesite un vehículo de estas características. Así visto, es particularmente barato, y el único pero que podemos ponerle es que carece de control de estabilidad, un elemento que, teniendo en cuenta que la nieve puede ser uno de sus contextos habituales, debería ir de serie.
Dando la vuelta a la tortilla, las cosas cambian. El sobreprecio que supone haberlo equipado con tracción total hace que, para que la cantidad final a desembolsar por él no sea elevada, no se le haya acompañado con mucho equipamiento de serie. Éste es escaso, y no son demasiados los extras tecnológicos a su alcance, aunque queramos pagarlos aparte.
Por otro lado, los consumos y las prestaciones se ven desfavorecidos ligeramente con la presencia de la tracción total, como es normal. Este problema lo están solucionando muchas marcas con los sistemas inteligentes, menos eficaces pero que permiten rodar en 4x2 cuando no es necesaria más tracción. Sería un pecado ponérselo a un STi, pero muy lógico hacerlo con este 1.5R.
En definitiva, repetimos, la tracción total es la clave para desear u olvidar este coche: si la necesitas es una estupenda elección, de lo contrario, las ventajas que aporta no son suficientes para preferirlo a otros modelos.