domingo, 12 de octubre de 2008 Buscar

comparativas

Subaru Impreza 2.5 WRX STi Sport, Porsche Cayman Tiptronic y BMW 130i

01/04/2008

Juan Manuel GARCÍA RUBIO / Fotos: Jorge BRICHETTE

Subaru Impreza 2.5 WRX STi Sport, Porsche Cayman Tiptronic y BMW 130i

Atendiendo a distintas pretensiones, hay coches para todos los gustos. Si buscamos un gran enfoque deportivo, pero proponiendo distintos conceptos, he aquí tres candidatos muy particulares. El más deportivo es el Impreza, con esos 301 CV, seguido del Cayman y talonado luego por el 130i, a la postre el más versátil por rapidez, uso y compactibilidad.

Hay marcas que fabrican coches deportivos como principio básico. Es el caso de Porsche, porque hasta sus todoterrenos están bañados en ese carácter más que en ningún otro. Hay otras que le hacen a todo, como BMW, y ese "todo" lo hacen siempre bien. Por ejemplo el 130i de estas páginas, con un gran motor y una versatilidad de carrocería tremendamente destacable. Otras marcas, por el contrario, saben mezclar todos esos ingredientes de maravilla, y en el caso del Impreza que aquí mostramos, más que un familiar de cinco puertas, la nueva carrocería con las siglas "STi" impresas consigue ser un auténtico coche de carreras muy bien disfrazado de coche para todos los días y de fácil uso.

Tres enfoques
Así, mientras que el BMW lo calificamos como el más versátil en todos los terrenos, el Subaru es el más deportivo y con mejor sabor racing. Eso sí, que nadie crea que relegamos al Cayman al último puesto. No. En este apartado, el que verdaderamente nos importa, lo situaríamos al lado del BMW, y si es menester, por arriba, claro, pero de alguna forma alcanzan un empate técnico en el caso que hoy nos ocupa. De acuerdo que se trata del Cayman más descafeinado y el menos potente de este trío, pero es una auténtica delicia su conducción y sus sensaciones siguen siendo tan válidas como en el S, el más potente de los Cayman, aunque a menor ritmo. De hecho, frente a este 130i del también fabricante alemán, el Cayman va directo al grano: es un deportivo, y punto. Eso sí, es el más caro de los tres… y punto también.

Maneras distintas
En esta escala de valores que te proponemos aquí, hay tres maneras muy distintas de ver las cosas. Si empezamos por el más deportivo, para nosotros, el que ocupa ese lugar, sin duda, es el Impreza… pero no sólo por ser el más potente con diferencia. Parece casi el que menos intenta aparentarlo, aunque, con un vistacillo rápido, tanto la protuberancia del capó como las aletas ensanchadas te transportan directamente al mundo de la competición, y deja muy claro su distanciamiento, incluso con el WRX "a secas". Vamos, que sólo le faltan las pegatinas y ya tendríamos un coche de rallyes en toda regla, porque, por dentro, con sólo ver las posibilidades de reglaje del diferencial te crees estar en el WRC… salvando todas las distancias, especialmente de suspensiones, lo sabemos, pero no es muy común el disponer de un dispositivo así en un coche de serie.

Por su parte, el Porsche es todo evocación de lo deportivo. Fue diseñado para ello y no necesita de ningún aditamento para dejar claro que es un deportivo en toda regla. Bajito, cortito y encima con motor central trasero longitudinal. Ahí es nada, el deportivo ideal por excelencia sobre el papel, y por si fuera poco, hecho por Porsche. Es el de menor potencia de estas páginas, pero ya casi con 250 caballos te aseguramos que resulta una auténtica delicia su conducción, y que además es especial por ese reparto de elementos y masas y, sencillamente, porque cuando te pones a los mandos de un Porsche, sea moderno o no, la primera sensación es la de encontrarse ante un coche con solera, bien hecho y al que se le rinde una especie de respeto inmediato, que, por otra parte, lleva inmediatamente también a querer arrancarlo e intentar dominarlo; algo así como: "Te respeto, pero eres mío ahora y voy a intentar dominarte".

Otro mundo
El BMW es otra cosa diferente a los anteriores. Juega muy bien tanto el papel racing como el de coche para todos los días. Es cómodo en cualquier circunstancia, aunque pequeño por dentro, pero no tanto como el Cayman. Corre que se las pela, pero puede ser llevado por cualquier conductor, desde el más inexperto hasta el más avezado de los pilotos. Sólo hay que tener en cuenta que se trata de un tracción trasera (como el Porsche, ya) y, con ese dato, actuar en consecuencia dependiendo del grado de formación del conductor. Como es sabido, los controles electrónicos son los grandes aliados para toda clase de conductores y con los que todos podemos ir seguros.

De todas formas, pasamos volando por lo obvio. El Impreza es un buen cinco plazas dentro de su categoría, aunque ya se sabe que detrás el espacio para las piernas no es holgado precisamente. Pero de este trío de ases que tenemos en la manga es el que más puede oficiar de coche familiar, o de rallyes en un momento dado. Le sigue el 130i, aunque en el fondo es el más utilitario de todos, porque comparte las mismas razones del Subaru, pero además en un tamaño más compacto, y de ahí que ni la anchura ni la altura en las plazas traseras del habitáculo destaquen precisamente por su desmedida.

El Cayman es algo especial, no sólo por ser Porsche, como hemos dicho, sino también porque es un biplaza puro y duro, con maletero delante y detrás, pero que, sumados ambos, no resultan tan prácticos como los otros, que ofrecen lo mismo, o más, en un solo emplazamiento. Claro, que eso no es lo que se busca en este coche. Es el mejor acabado y hecho de los tres, de nuevo prácticamente hermanado con el 130i, donde los materiales, los ajustes y, en definitiva, la calidad general percibida son muy buenos.

Rock and Roll
Empieza lo bueno. Comienza el concierto y aquí no hay teloneros, todos son primeras figuras. Nos subimos a los tres coches, uno por uno… y sin seguir un orden previo, sino guiados por las ansias de conducirlos a todos.

Empezamos por el Cayman. Introducirse en un habitáculo poco más que justo ya te pone. Tiene la mejor postura de conducción de este trío, aunque si eres de talla XL o XXL te va a faltar recorrido longitudinal del asiento hacia atrás, y éste además te será un poco pequeño de dimensiones. Pero son casos contados. Por otra parte, la posición del volante, muy vertical, es la mejor de todas para enfrentarse a los mandos en los mejores momentos de divertimento. No se quedan atrás precisamente el 130i o el Impreza en esos momentos, pero son otra cosa. Del japonés nos encanta, por ejemplo, la palanca de cambios, relativamente larga y muy manejable; del 130i de estas páginas, las levas en el volante, pues el cambio secuencial que monta se puede usar tanto con el pulgar como con los "dedos largos" por el reverso del volante, y resulta muy cómodo y rápido.

Ya en marcha, todos corren mucho y bien. De las sensaciones del Cayman, en el que vas más bajo y además pareces ir siempre más rápido, puedes pasar directamente al Impreza, donde al ir más alto dominas la carretera mucho mejor. Con el japonés, acelerar es coser y cantar, y además invita constantemente a ir subiendo de vueltas y de velocidad. Es como una droga; una dulce droga que no daña tu cerebro, sino que lo alimenta de sensaciones positivas. Se maneja con mucha facilidad el cambio, gracias también a esa larga palanca, como hemos comentado antes. Los caballos no se hacen esperar mucho, y a un régimen medio-bajo bueno, por debajo de las 2.000 vueltas, el tirón ya es casi pleno cuando sopla el turbo, y parece mentira cómo se pueden exprimir tan acertadamente esos 4 cilindros. Eso sí, el Impreza cobra una nueva vida con el cuentavueltas sobre las 4.000 rpm, y hasta cerca del corte parece que hay otro motor, y con ello nuevas e interesantes alegrías. El aluvión de potencia es casi comparable al del 130i, donde su especialidad es brindar lo que se le pida con decisión, pero también con precisión, lo que, como en el Porsche, viene dado por una mecánica atmosférica de excelente talante. Tan parejos están de prestaciones los dos alemanes, que las cifras cantan y se acercan bastante el uno con el otro en los apartados básicos de aceleración. Esa mezcla entre pesos y desarrollos los iguala bastante a la hora de la verdad, aunque lo cierto es que ambos pueden presumir de motores que rinden a pleno pulmón.

Al pie del cañón
¿Y qué pasa en carretera? Pues que cada uno es distinto. El nipón agarra una barbaridad por la tracción a las cuatro ruedas y la posibilidad de variar las leyes del diferencial central en combinación con el anterior y el posterior. Lo podemos poner en automático y despreocuparnos, o variarlo al gusto dentro de unos márgenes para que vaya actuando en función de la adherencia y que sea más suave o más brusco. Esto último ya es para nota, y de ahí que nos sintamos, de alguna forma, trasladados directamente al mundo de la competición; en ese momento se te olvida que entre tus manos también llevas una berlina para cinco pasajeros y con un maletero razonable.

Tanto el Cayman como el 130i tienen su punto también. Y es que en ninguno de estos tres casos nos encontramos con coches convencionales. La tracción trasera de estos últimos, especialmente en el BMW, hace que sean muy pasionales. En el Porsche, además, hay que sumar que llevamos el motor detrás y que el eje delantero, en circunstancias muy especiales, parece flotar más. Eso sí, si llegamos a notar esto es que estamos rodando muy rápido… y qué mejor lugar que hacerlo en un circuito. De alguna forma, para pasar bien una curva, y como en el BMW, hay que apuntar, esperar un poco e ir redondeando el giro con el acelerador. Es muy convincente en cualquiera de los dos casos, y muy divertido una vez pillado el tranquillo al asunto. Desde luego, no te aburres en ninguna curva, y eso les convierte en coches especiales, técnicos y muy divertidos también. Lo mismo le sucede al japonés, aunque el paso por curva se define como de mayor confianza y con una facilidad más pasmosa, que al final se traduce en que a veces te das cuenta de lo rápido que lo has hecho.

Por eso, según lo que quieras, y en función también del presupuesto, no lo vamos a negar, estos tres coches obedecen a un criterio u otro, aunque siempre en el punto de mira está el sabor deportivo, que es lo que más nos importa aquí. Del Porsche, no tenemos duda, la más mínima duda. Es el menos práctico como coche, pero un ejemplo de deportivo. Del 130i, volvemos a decir que es un auténtico polivalente que se encara con quien haga falta y en todos los terrenos. Como guinda, y recalcamos que no lo decimos por su motor más potente, está el Subaru Impreza STi. En conjunto, es con el que te sientes mejor a la hora de la verdad, aunque esté blando de suspensiones respecto a lo que podría ser este vehículo con una buena preparación para rallyes.

 

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