Bajo una serie especial denominada Acrópolis, Subaru inicia la comercialización en España de la carrocería sedán del nuevo Impreza, quizá la más esperada por los seguidores del modelo japonés. Su puesta en escena no decepciona. Más allá de los gustos de cada uno, el aspecto del Impreza está muy cuidado, con un paquete "Sport" que está cargado de aditamentos aerodinámicos (alerón, faldones laterales, dos spoilers en ambos paragolpes y un capó heredado de la versión WRX).
La denominación Acrópolis hace honor al rallye donde la firma nipona ha obtenido más victorias a lo largo de toda su historia en el Mundial y además donde ha debutado la nueva generación del modelo. Subaru siempre ha sido un especialista en la tierra, sobre todo en sus años dorados, y ni que decir tiene que por la marca japonesa han pasado los mejores pilotos desde sus comienzos en la competición a principios de los ‘90.
De camino a los tramos
Bueno, llega la hora de empezar a rodar. Durante los primeros kilómetros en carretera, el Impreza responde con suavidad y agrado. No encontramos un coche con unas suspensiones y un tacto deportivos, parece más bien una berlina convencional de carácter rutero. Abandonamos la autovía repleta de tráfico y decidimos adentrarnos en los tramos más revirados y divertidos, para conocer de primera mano hasta dónde es capaz de llegar nuestro Acrópolis. Las primeras limitaciones las encontramos en unas suspensiones demasiado blandas. Generan muchos balanceos y oscilaciones, que restan confianza en las zonas más rápidas. A los amortiguadores (blandos, tanto en extensión como en compresión) les cuesta mucho trabajo sujetar los movimientos verticales de la carrocería, y eso hace que el coche flote y carezca de aplomo.
Pero su carácter burgués no debe engañarnos, tampoco debe aumentar nuestra confianza al volante, porque también es un vehículo travieso y hasta exigente cuando queremos buscar las limitaciones del bastidor. El tren trasero tiende a ser solidario con el delantero, redondeando perfectamente las curvas cuando jugamos con la transferencia de masas. Si "tiramos" a descolocarlo, se cruza, y de qué manera, tanto, que debemos tener grabado en la memoria el contravolante, para llevarlo por el sitio y no sentirte incómodo. Si no aceptas esas condiciones, es mejor que dejes activado el control de estabilidad. Entonces, en ese momento seguirás disfrutando de la conducción, pero con un margen de maniobra más limitado. A partir de ahí es cuando te encuentras resignado, como si el coche te dijera: "¡No te voy a poner las cosas fáciles!". No obstante, cuando sobrepasamos los límites de adherencia las reacciones son muy progresivas.
La tracción integral realiza una gran aportación para que los 150 caballos de potencia y los 196 Nm de par máximo se transmitan perfectamente al asfalto sin la más mínima pérdida de tracción. Da igual que la trasera entre cruzada en plena curva, en cuanto pegamos el pisotón al pedal del gas el Impreza abandona los virajes traccionando a la perfección.
Motor bóxer de 150 CV
Bajo el capó, como es habitual en Subaru, encontramos un motor bóxer de gasolina (en este caso de 4 cilindros y 150 caballos) que tiene un buen rendimiento en líneas generales y aprovecha a las mil maravillas las virtudes de la configuración con los cilindros opuestos que ofrece un propulsor de dicha arquitectura. En marcha, es un motor que sube muy bien de vueltas y mantiene una respuesta progresiva en la entrega, aunque lo mejor lo encontramos a partir de las 4.000 rpm. Es una lástima que Subaru haya optado por unos desarrollos demasiado largos en el cambio. Éstos nos impiden sacar mucho mejor partido al motor, y por tanto disfrutar mucho más de las bondades que ofrece este bastidor tan juguetón. Y ya puestos a mejorar, no le vendría nada mal un guiado algo más suave y preciso para disfrutar de un cambio más rápido y, en definitiva, más deportivo. Su interior no presenta diferencias respecto al WRX: mismos asientos, volante, salpicadero y pomo e inserciones "metálicas". Todo es igual, salvo el motor y pequeños cambios en el chasis. Como buen coche japonés, su diseño es sencillo y muy funcional. Los acabados son buenos en cuanto a ensamblaje, pero encontramos materiales de tacto duro y aspecto mejorable. Por lo demás, el Impreza es una berlina espaciosa, versátil y muy confortable.