Aunque finalmente se certificaba la ausencia de los dos grandes implicados en el certamen mundial de la especialidad, Mitsubishi y Volkswagen, la marca alemana desplazaba una unidad (ex Jutta) para Carlos Sousa, el nuevo fichaje de Volkswagen para el Dakar, aunque en su carrocería luzca patrocinadores diferentes de los oficiales, comunes a los demás.
Monterde estuvo presente con una nueva evolución del X5 para el próximo Dakar, además de varios equipos foráneos de alto nivel, algunos de ellos grandes amantes de la carrera española, a los que hay que unir todos los integrantes del Campeonato de España y los que hacen de esta carrera su única participación anual.
Blázquez no defrauda
Bajo un calor asfixiante se celebraba la Superespecial del Jarama, donde el más rápido era Blázquez, casi un segundo por kilómetro mejor que el Toyota de Joao Ramos y algo más aún que el especialista portugués Felipe Campos, éste sobre su espectacular Mégane Proto.
Para encontrar al siguiente español había que bajar hasta la decimocuarta plaza, ubicación del Bowler de Javier Herrador, que obtenía una renta de sólo un segundo sobre Santi Anglada, toda una sorpresa, pues el catalán debutaba con el Suzuki Proto de Manolo Plaza, mientras que el conquense (sólo un segundo por detrás de Anglada) lo hacía con una "Mitsu" L200 terminada escasas horas antes de la carrera y sin probar, pero demostrando una muy buena base.
Monterde lo llevaba algo peor, pues un despiste y una pasada de frenada le hacían perder mucho tiempo, colocando su X5 en la vigésimo primera posición y detrás, para el día siguiente, de muchas nubes de polvo de coches bastante más lentos que el suyo.
Camino Soria
Con las temperaturas disparándose, la primera etapa "de verdad" transcurriría entre Madrid y Zaragoza, con dos sectores de algo más de cien kilómetros y una asistencia y reagrupamiento entre ambos en la capital soriana.
Mientras Joao Ramos sufría una fuerte salida de pista a poco de comenzar que le apeaba de la carrera, Blázquez y Cruz salían a por todas, y volando por los dos tramos sorianos lograban una renta de más de cuatro minutos sobre el segundo, el eslovaco Sykora en el primer sector, y siete más en el segundo. Carlos Sousa se las veía negras para remontar entre las nubes de polvo y pinchaba en la primera especial, y en la siguiente se situaba a espaldas de Blázquez, aunque ya a más de ocho minutos y medio, pues además penalizaba dos minutos por un error de su copiloto, Andy Schulz, al salir del reagrupamiento.
Monterde terminaba la etapa cuarto, pero se tiraba más de treinta kilómetros tras el polvo de Plaza, sin que el conquense, al parecer con el Sentinel averiado, se apercibiese de ello, perjudicando por la misma razón a Termens también durante un buen trecho.
El que estaba demostrando un nivel muy alto era Anglada, que sorprendía a todos con una conducción de lo más efectiva y terminaba la jornada séptimo de la general, pese a ir casi toda la etapa solamente con tracción trasera, en una lucha más que cerrada con el Pathfinder de Traglio, dos minutos más rápidos que el siguiente español, Termens, y por delante de Reyes, pues Herrador finalizaba con su Bowler en la decimosexta plaza, también con tracción trasera y con un problema electrónico que le impedía subir de vueltas. Aunque peor suerte corrió el de Jiménez, que tomaba pronto el camino de Madrid con el embrague roto; por su parte, el portugués Campos sufría un conato de incendio en su Mégane.
¡Qué debacle!
Poco se imaginaba nadie que esta segunda etapa iba a resultar una auténtica criba para las esperanzas de muchos. Blázquez salía con el objetivo único de controlar a Sousa y no cometer errores, pero pronto el portugués, que salía tras el piloto de Nissan, veía con sorpresa cómo las roderas del Navara se salían con bastante periodicidad del camino. ¿La causa? Las mariposas de inyección del Nissan se quedaban abiertas y el motor a fondo, por lo que Marc tenía que ir regulando su pilotaje con el freno y el embrague, elemento que, en el colmo de las desdichas, también se rompía, obligándole al abandono y a entregar la carrera a un sorprendido Sousa, pero el copiloto de éste en la segunda vuelta cometía un error.
Por su parte, Monterde rompía la correa del alternador y también abandonaba, cuando era tercero. Anglada, pese a ir, de nuevo, con dos ruedas motrices, heredaba la cabeza española, pero un buje le sacaba de la prueba, que era encabezada por Herrador, aunque el grupo delantero de su Bowler cedía; Manolo Plaza también abandonaba y se situaban al frente de nuestra escuadra Termens, sexto en la general, y González, octavo, dos pilotos que normalmente sólo deberían optar a su "Mitsubishi Evo Cup" y que, en más de una ocasión, han demostrado saber estar en cabeza.
Andy... ¡ya te vale!
Pero faltaba el golpe de teatro final. Andy Schulz, que ya penalizara en la jornada anterior en un control de paso, se dejaba el carné sin sellar y se daba cuenta varios kilómetros más adelante. Sousa paraba y regresaba campo a través mientras pudo y Andy completó el recorrido de regreso a pie más de un kilómetro para que se lo sellasen (algo no necesario en raids). El resultado, más de veinte minutos de pérdida y un montón de nubes de polvo por delante que arruinaban las aspiraciones de victoria de Volkswagen.
Tras lo vivido en esa agónica jornada y con la clasificación literalmente "patas arriba", sólo quedaban los cien kilómetros del domingo, en los que nadie quiso arriesgar lo más mínimo, por lo que los abandonos ocurridos fueron mínimos aunque muy descorazonadores para los afectados.
La Copa FIA de Bajas terminará con la Portalegre, que se celebrará el puente del 12 de octubre, puntuable para el Campeonato de España, certamen que acabará en Cuenca, semanas después.