Con un tiempo de perros y un soberano barrizal que obligó a recortar el recorrido previsto en algunas de las zonas más espectaculares, la última cita del Nacional de Rallyes Todo Terreno tenía lugar en uno de los lugares más tradicionales de esta especialidad.
A ella acudían, además de todos los directos implicados en el Nacional, algunos pilotos ocasionales: Francesc Selga y Félix Salido participaban con el X5 ex Solé de Tibau; algo similar hacía Recuenco con el Pathfinder de Tot Curses, el mismo que el portugués Ré hizo subir al pódium en Portalegre, y su paisano Pedro Grancha, campeón de Portugal, acudía a la cita conquense con su efectivo Montero T1 para medirse con los españoles en su terreno.
Con casi todas las papeletas a favor de Blázquez para ser campeón nacional, (pues sólo podría no serlo si Termens vencía en la carrera y el de Nissan quedaba más abajo de la octava plaza), la actuación del piloto de Llambilles pasaba por controlar, por ello, en la infernal y embarrada prólogo apenas se complicaba y era cuarto, por detrás de Plaza, vencedor, demostrando que los Mitsubishi L200 salidos de sus instalaciones eran capaces de lo mejor, pues Santi Anglada y Enric Oller, con otro "Mitsu" gemelo, eran segundos, batiendo a Grancha, tercero.
Tras Blázquez, los Bowler de Herrador y Giménez prometían un bonito duelo, separados sólo por dos centésimas y ambos por delante del X5 de Selga.
Correr sobre "morteruelo"
Con algunas zonas anuladas, al quedar impracticables por el barro, el recorrido quedaba reducido a poco más de trescientos kilómetros por los caminos de la zona Este de la provincia.
A poco de comenzar, Plaza y De Quinto no se resignaban a ceder ese lugar de privilegio en su tierra, pero un madrugador pinchazo, primero, y la progresiva rotura de su embrague, después, les impidieron completar el primer bucle.
Mientras, el elaborado "Mitsu" de Grancha-Tavares también pinchaba a poco de empezar, perdiendo sus opciones de victoria. Selga, por su parte, rompía un latiguillo de freno por causa del barro acumulado en sus bajos, lo que facilitaba las cosas a Blázquez para galopar, cada vez más en solitario y cómodo, hasta una rotunda victoria.
Tras él, Santi Anglada parecía mantener el tipo en la segunda plaza, y así lo hizo hasta casi el final, cuando el bombín del embrague se rompió, lo que le apeaba de la carrera a sólo seis kilómetros de la meta, aunque la segunda posición ya la había perdido kilómetros antes en favor de Grancha.
Donde sí saltaba la sorpresa era en la tercera plaza, que fue para Ángel Gismero y Manolo Navarro, a los que, por fin, dejaba de mirar "el tuerto", logrando llevar a la meta su Montero en el lugar que merecen. Poco más se puede decir de su impecable actuación y su tercer puesto absoluto, que lo dice todo.
Además de la pugna por la scratch, y sabedores de que el dominio de Blázquez les iba a impedir realizar el sueño de ser campeones nacionales, Termens y Vilalta se plantearon la carrera para controlar a su rival en la Evo Cup, Andreu González, que no tuvo su día. Sus males comenzaron en un control de paso, donde se le paró el coche varios minutos, pero, posteriormente, en su afán de remontada, sufría una salida de carretera que afectaba a su embrague. Aunque finalmente logró acabar la prueba en una digna octava plaza, intercalado entre los Bowler de Herrador y Giménez. Todo ello era aprovechado por el piloto de TR2 para ser cuarto absoluto y llevarse, de paso, la Evo Cup.
Mala suerte para los Bowler
Otros que daban la campanada era Ballega y López. El equipo de Guadarrama, militante en la Challenge Nissan, lograba situarse quinto absoluto a base de no caer en las muchas trampas de esta carrera, con un suelo tan difícil, y de hacer una conducción muy efectiva, pese a ser uno de los equipos con menor presupuesto del certamen.
Actuaciones destacables fueron también las de los citados Bowler. Ambos hubieran estado más arriba si no llega a ser por la recalcitrante rotura de la bomba del líquido limpiaparabrisas, que le obligaba a ir buscando los charcos (tampoco había que buscar mucho para encontrar uno) para llevar agua a su cristal delantero, en el caso de Herrador, y por un pinchazo a poco de comenzar, con la consabida pérdida de tiempo en el cambio de rueda y también después, al sustituirla en la asistencia por otra nueva, en el caso de Giménez e Izquierdo.
Los maños Ruiz y "Conejos", que no siguen todo el campeonato, cerraban el top ten con su Land Cruiser, en una carrera en la que su experiencia iba a ser dominante sobre su falta de continuidad.