Con no menos de cinco S2000, dos Porsche, tres Ferrari, unos cuantos Nissan 350Z, Desafío Peugeot, etcétera, la edición del Rallye de La Vila Joiosa de 2008 fue de altos vuelos en cuanto a participación.
Con la que tenemos encima, la inscripción de 2009 iba a ser mucho más modesta, pero, en cuanto a la rivalidad en carrera, no iba a escasear la competitividad y la emoción. Y es que habrá menos pilotos, marcas o promociones, pero lo importante es que, aunque sean pocos, además de estar bien avenidos, sigan manteniendo ese interés, ya tan tradicional en esta cita, de que el rallye se gane en los últimos metros del último tramo.
Todo hacía suponer que Sergio Vallejo iba a tener todas las cartas en la mano, para, tramo a tramo, sin prisas pero con decisión, ir despegándose de sus teóricos rivales: Aviñó, Pons o el propio Fuster. Y es que quién podía saber más de un Porsche 911 GT3 en su andar por los tramos de un rallye que el piloto de Meira, que a punto estuvo de ganar el Nacional 2008.
Pues en esas estábamos hasta que empezaron a caer los cronos y las sorpresas comenzaron a concatenarse, con el scratch de Manuel Aviñó en el tramo de Finestrat, por el que difícilmente cabe un alfiler. En las actuaciones en las que habíamos visto a Manuel, siempre nos pareció un piloto templado, no excesivamente dado a correr riesgos, que sabía hasta dónde podía llegar su Porsche (un peldaño por debajo de los de Vallejo y Fuster). Pero de ahí a que empezara este rallye dándole la vara a Vallejo, también en Sella-Relleu, nos da que mucho había cambiado en el piloto valenciano, que como mejor resultado en el Campeonato de España de Rallyes contaba con un cuarto puesto en el Sierra Morena de 2008.
Total, que cuando Aviñó llegaba a la meta de Relleu-Orxeta, donde dejaba a Fuster muy, pero que muy lejos en el crono, casi sin guisarlo y, por ende, sin comerlo ni beberlo, se encontraba líder del rallye, 47 segundos por delante del piloto de Benidorm. Por ello lo de sorpresa, sorpresa, ya que, entre otros sustos, el que no podíamos esperar era el sobresalto que nos ofreció Sergio Vallejo cuando abandonaba, casi sin llegar a poner incandescentes los escapes de su caballería.
¡Ay, esas dichosas piedrecitas! Cómo se pueden colar por una pequeña abertura entre la carretera y los bajos del motor. Parecía como si un certero tirachinas, como con los que jugábamos cuando éramos pequeños, hubiera hecho blanco en la correa del alternador, de servicio o como quieran llamarlo. El hecho es que a Sergio no le quedó otra que abandonar en el debut del campeonato, cuando todo apuntaba a que podía haber puesto en su casillero los primeros puntos.
A este abandono le siguió el de Joan Vinyes por causa de unos espárragos de una rueda delantera que literalmente se sesgaban, haciendo que aquella se saliera, lo que supuso un pequeño revolcón sin mayores consecuencias, pero uno de los pilotos llamados a estar delante también se quedaba fuera, tanto como Pedro Burgo (por rotura del primario de la caja de cambios) y nuestro carismático José Antonio Zorrilla, que, en su categoría de Clásicos, veía cómo el marcador de la gasolina de su Opel le engañaba, dejándole en la estacada.
Su gozo en un pozo
Me refiero al de Manuel Aviñó tras su paso por Sella-Relleu. Hasta entonces, todo rodaba a pedir de boca, pero una trazada un poco justa y de nuevo una piedra puntiaguda le infligían un serio correctivo (1 minuto perdido, al que sumaba otro en Relleu) en el neumático delantero derecho. Gracias a esas milagrosas ruedas "galleta", Aviñó continuó, quedándole la esperanza de que la mala suerte no solo le tocara a él, algo que no siempre pasa. Pero ya estaba lejos de Xevi Pons, nuevo líder del rallye, y de Miguel Fuster, que había tenido algún trompo.
Aunque era líder, Xevi tampoco lo estaba pasando bien, ya que la alimentación del motor de su Evo X tenía tendencia a descebarse, con lo cual, tras los parques de asistencia, optaba por salir con el depósito de combustible rebosando. Otro que no se estaba divirtiendo nada era Enrique Ojeda, que, al margen de un pinchazo, había tenido serios problemas con el embrague de su Subaru, lo que le costaba una penalización de más de 2 minutos, viéndose relegado al noveno puesto de la clasificación. Con todo esto, ver a Alberto Monarri detrás de los mejores nos volvía a decir que el piloto madrileño es de lo mejorcito que podemos encontrarnos en esta especialidad, aunque la mecánica de su Evo (con un manguito del freno rajado y un bang que no iba) no le dejaba hacerlo mejor.
A la carta más alta
Con el piloto más inquietante de todo el rallye, Manuel Aviñó, ya a buen recaudo tras el pinchazo, Miguel Fuster empezó a ver que podía subir de nuevo a lo más alto del podio. No se lo pensó dos veces y en Penáguila, como en nuestro argot solemos decir, se "tiró" y adelantó a Pons, por poquito, pero por delante. El de Manlleu, que no es manco, pensó que estaba todo por hacer y se revolvió en Confrides para recuperar el liderato.
A todo esto, la meteorología se estaba enturbiando por las montañas. Llovía, no llovía, lo hacía con más o menos fuerza, y había que decidir qué se montaba cuando en torno a las 6 y media de la tarde había que dejar el último parque de asistencia.
Había que hacer 50 kilómetros cronometrados de una tacada, interrumpidos por un enlace de 5 km, que podía trastocar los planes si los neumáticos se enfriaban, que es lo que a la postre le iba a pasar a Pons. De todas formas, había que ir a por todas y, a pesar de que tanto Fuster como Pons montaban lo adecuado, o por lo menos lo que tenían, ya sabemos, en esta situación y cuando se llega al final de este rallye, lo que da de sí Miguel, que se la jugó en el último tramo, haciéndose con el triunfo. Lo curioso de esta última crono era que el scratch fue de nuevo para Aviñó, que contabilizaba el quinto del rallye, al que secundó Ojeda.
En definitiva, la suerte estaba echada. Ahora habrá que ver cuánto da de sí Fuster en otros rallyes, sobre todo en los del Norte, y hasta dónde puede llegar también Aviñó en las pruebas a las que acuda. Ojeda tendrá que poner su coche más a punto, mientras que Pons tendrá que jugar frente a los Porsche la baza de la lluvia y las carreteras sucias. Animación por delante, por supuesto que la habrá.