En esta ocasión, las pruebas se celebraron en la provincia de Tarragona, escogiendo el equipo galo dos tramos próximos a la localidad de Valls, pistas que se caracterizaban por tener un piso bastante rompedor. A la cita acudieron los dos pilotos del equipo, aunque la mayor parte del trabajo de puesta a punto y desarrollo recayó en Sébastien Loeb, que, junto a los técnicos de Citroën y de BFGoodrich, se centró en buscar un set up óptimo para este tipo de superficie, realizando muchos cambios en los reglajes, especialmente en las suspensiones. Después de dos días de pruebas, el francés cedió los mandos del C4 a Dani Sordo y Marc Martí, quienes rodaron durante la última jornada, siempre bajo la atenta mirada de los aficionados de la zona, que se acercaron en masa a presenciar los tests.